Alcázar de los Reyes Cristianos
Entre los muros de este castillo-palacio se resume la historia de Córdoba y en él se gestaron episodios capitales del acontecer de España.Desde época romana, tuvo el carácter de fortaleza por su privilegiada situación a orillas del río Guadalquivir, dominante del Puente romano por donde transcurría la Vía Augusta, paso obligado para las rutas militares y comerciales con Andalucía. Los numerosos restos arqueológicos que siembran su suelo, nos dan testimonio de las sucesivas culturas que se asentaron en esta ciudad: sillares, columnas y capiteles romanos, zócalos, molduras visigodas y árabes, aparecen empotrados entre sus paredes y muros.
Durante la larga permanencia de los musulmanes en estas tierras, el Alcázar formaba parte del conjunto de edificios que constituían el Palacio Califal y, como punto defensivo, fue arrasado por las distintas invasiones que sufrió la ciudad. Tras la conquista cristiana en 1236 por el rey Fernando III el santo, el alcázar se convirtió en residencia real, reedificándose completamente en 1327 por el rey castellano Alfonso XI El Justiciero, confiriéndole la fisonomía de castillo con la que ha llegado a nuestros días. Alfonso XI en 1340 derrotó a los ejércitos benimerines en la batalla del Salado, en honor a este triunfo erigió en Córdoba y con el mismo estilo gótico que el Alcázar, el templo de San Hipólito, donde está enterrado.
El Alcázar es un complejo defensivo que se aleja de los cánones tipológicos de las fortalezas árabes, un hito constructivo de la arquitectura militar de la Reconquista cristiana en Córdoba. A partir de 1482 fue Cuartel General de las tropas de los reyes Católicos. Durante diez años desde el Alcázar, se organizó la estrategia de la conquista del Reino de Granada, último reducto árabe en España, permaneciendo los monarcas prolongadas jornadas en el Alcázar, allí nació una de sus hijas, la infanta María, futura reina de Portugal, se desarrollaron las conversaciones con Cristóbal Colón y sus preparativos del primer viaje a América. Conseguida la unificación de España con la anexión del reino de Granada en 1492, los Reyes Católicos abandonaron Córdoba, cediendo el Alcázar al Tribunal de la Inquisición. Se acometen entonces grandes reformas para acondicionarle mazmorras y calabozos, perdiendo entonces su carácter palaciego. La Inquisición permaneció en el Alcázar hasta su abolición por las Cortes de Cádiz en 1812, desapareciendo años después, siendo el edificio destinado en 1822 a cárcel hasta 1931, sufrio importantes deterioros en el conjunto de sus estructuras, patios y jardines, para acoger numerosas celdas entorno al patio morisco. Posteriormente fue destinado a instalaciones militares, hasta que en 1955 el edificio y huertos es cedido al Ayuntamiento de Córdoba.
Fue calificado Monumento Histórico, el 4 de Junio de 1931 y edificio integrado en la zona declarada por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad en 1994; así mismo sus jardines están protegidos por el P.G.O.U. de 1986 con categoría 2B.
Alminar de San Juan
Llama la atención este alminar por conservarse casi íntegra su fisonomía árabe del siglo X a pesar de haber sido cedido tras la reconquista, junto con la mezquita que lo albergaba, para la construcción de una iglesia de la Orden de San Juan. De planta cuadrada y sillares, lo más llamativo son los arcos gemelos de herradura con columnas de mármol que decoran la torre. Actualmente el templo acoge la orden de las Esclavas de Jesús.
Arco del Portillo:
El emplazamiento de las grandes puertas islámicas no varió bajo dominio cristiano, hasta entrado el siglo XIX, según se desprende del mapa de los franceses de 1811. En todo caso, parece seguro que tan sólo se añadieron algunos postigos a través de la cerca amurallada.
En la actualidad se conservan tres únicas puertas del recinto medieval: la Puerta de Almodóvar, La Puerta de Sevilla y un postigo conocido por el Portillo.
En la calle San Fernando se encuentra la única entrada que se conserva en el lienzo oriental de la antigua medina. Constituida por un arco de medio punto abierto en un grueso muro de sillería, la puerta conocida popularmente como el Portillo, corresponde a una antigua entrada abierta en la muralla durante el siglo XIV.
Arco del Triunfo
Puerta del Puente, diseñada por el arquitecto Juan Herrera. Esta puerta, que es la más airosa de la ciudad, fue construída en el año 1571, con sillares almohadillados; sus columnas exentas, que imitan el orden dórico, sustentan una cornisa y un ático rematado por un frontón semicircular, en el cual se observa un relieve con el escudo de Castilla sostenido por dos guerreros de la época. En la parte superior del intercolumnio, hay dos relieves de Torrigiano y una cartela que recuerda su inaguración por el monarca Felipe II. Hoy no conserva toda su esbeltez, pues el basamento está hundido bajo el nivel de la calzada que lo circunda. Debido a la reforma que se realizó a principios del siglo XX, cambió su aspecto de puerta por el de un arco de triunfo.
Baños Árabes de Santa María
En la calle Velázquez Bosco, muy cerca de la Mezquita Alhama, encontramos parte de unos baños árabes, posiblemente construidos durante la época mudéjar sobre un lavatorio del siglo X relacionado con la Gran Mezquita cordobesa. Actualmente forman parte de una vivienda, siendo posible visitarlos tras adquirir la pertinente entrada.
Los baños, de reducidas dimensiones, son muestra perfecta de este tipo de construcciones hispano-musulmanes. El actual vestíbulo fue en su día la sala de vestuario o reposo, bait al-máslaj, y daba paso a la sala de agua fría. Tras distintas intervenciones, hoy, la al bait al-bárid (sala fría), es un patio abierto. Eliminadas la bóveda y el estanque aún permanecen las galerías originales con arquerías de herradura y capiteles de factura califal.
La sala caliente, al bait al-sajín, es de planta rectangular con bóveda de cañón y conserva los vanos que albergaron las pilas de agua caliente y fría. Desde esta sala se puede acceder a un aljibe elíptico situado a más de diez metros de profundidad.
Baños del Alcázar Califal
De forma accidental, en 1903, se hallaron los restos de unos baños árabes en el Campo de los Santos Mártires, que meses más tarde fueron soterrados. Entre 1961 y 1964, un grupo de historiadores cordobeses sacó a la luz dicha construcción, dejando constancia de la gran envergadura de la misma.
Estos baños o hammam, contiguos al desaparecido Alcázar omeya, al cual con toda seguridad pertenecían, posiblemente fueran los más importantes de la ciudad. Las abluciones y limpieza corporal constituían una parte esencial en la vida del musulmán. Eran preceptivos de la oración, además de constituir un rito social.
Realizados bajo el califato de Alhakem II, forman un conjunto de estancias con muros de sillería. Se cierran con bóvedas (donde aparecen los característicos lucernarios de estrella), soportadas por arcos ultra semicirculares sobre capiteles y columnas de mármol.
Durante los siglos XI al XIII, fueron reutilizados por almorávides y almohades, prueba de ello son las yeserías talladas con motivos de ataurique y franjas epigráficas de la época que se guardan en el museo arqueológico.
Caballerizas Reales
En el 1570, Felipe II dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear el caballo pura raza español. Para ello mando construir las Caballerizas Reales en los antiguos terrenos del Alcázar de los Reyes Cristianos.
En ellas se crió el caballo español, también llamado caballo andaluz, de ascendencia árabe, muy apreciado para montar.
Destacar la cuadra principal , cuya cubierta de bóveda de arista es soportada por columnas de piedra de arenisca que a su vez delimitan las cuadras o boxes.
En la actualidad pertenece al Ayuntamiento y está en proceso de remodelación para restablecer la cultura del caballo en la historia de las Caballerizas.
Calleja de las Flores:
La Calleja de las Flores está inmersa en ese laberinto fantástico que constituye el trazado urbano de la Córdoba antigua en torno a la Mezquita. Para penetrar en ella hay que atravesar la Calle Comedias, donde estuvo el teatro de la ciudad en el siglo XVI . Un viejo capitel y su columna incrustados en la blanquísima esquina, parecen indicarnos el acceso.
Claveles, rosas, jazmines, geranios, alhelíes, damas de noche toda la flora andaluza se ofrece para nuestro recreo; porque esas flores que nadie toca ni se atrevería a cortar nacen, crecen y mueren en las más inverosímiles macetas, que van desde el barro al vidrio, pasando por el aluminio y la hojalata, embelleciendo la materialidad del envase con su noble y alzado recorte. Los tejadillos, las rejas y las cancelas de los edificios, contribuyen a trasladarnos al ambiente de la España de los Austrias, en cuya época podemos encajar esta famosa calle y, por afortunada coincidencia, si desde su ensanche nos volvemos para mirar su entrada, veremos al fondo, aprisionada entre las paredes y los arcos, y sin otro escape que el azul del cielo, la torre de la Mezquita, que de vez en cuando pone el fondo preciso para nuestro ensueño, con las notas pausadas y solemnes de los bronces de sus campanas
Capilla de San Bartolomé
Inserta en la Facultad de Filosofía y Letras, antiguo hospital del Cardenal Salazar, se encuentra esta capilla, exquisita muestra de arquitectura mudéjar y antigua parroquia de San Bartolomé. Realizada entre los siglos XIV y XV, en el barroco quedó anexionada al hospital, siendo las reformas más importantes del XIX. La portada principal se cubre con un pórtico de triple arcada. En el interior, de una sola nave y cierre con bóveda de crucería, destacan las finas yeserías y el zócalo de azulejo. La cabecera tiene restos de pintura mural. La última restauración llevada a cabo en el edificio fue en los años sesenta del siglo XX, siendo muy reciente la intervención para recuperar la capilla exenta del XIX con retablo barroco.
Casa de las Campanas
Situada en la calle Siete Revueltas, en el popular barrio de Santiago, se encuentra la que fuera vivienda de son Pedro de Montemayor, señor de Alcaudete, casa solariega de siglo XV. Destaca el patio mudéjar con arcos polilobulados y rica decoración. La antaño noble residencia albergó en su día una fundición de campanas, de ahí el nombre que ha llegado hasta nuestros días. Actualmente acoge numerosas actividades artísticas a lo largo de todo el año.
Casa de los Luna
La casa de los Luna nos muestra uno de los mejores ejemplos de mansión solariega andaluza de estilo plateresco. El palacio destaca por su fachada de piedra, que podría datarse del último tercio del siglo XVI. Posteriormente fue aumentada en altura con un piso de doble ventana a modo de logia. El portón principal, enmarcado por molduras y pilastras en las jambas, posee unos originales remates de bola en los extremos y dibujo en relieve de guirnaldas en el dintel, sobre el que se vislumbra el escudo familiar con una luna. En la esquina hay un doble balcón de ángulo, a dos alturas, con columna en el centro y enmarque de molduras labradas en piedra. Situado en la plaza de San Andrés, goza de un entorno privilegiado.
Casa de los Marqueses del Carpio
Mención aparte merece el torreón que sirve de fachada a la que fuera casa de los marqueses de El Carpio en la calle Cabezas. Es el resultado de la transformación de una torre de la muralla que separaba la Medina de la Ajerquía. Sus vanos presentan elementos góticos bastante deteriorados pero indicativos de ser obra del siglo XV. El balcón central sufrió trasformaciones posteriores, lo mismo que la puerta de acceso, pero conserva aún unos baquetones góticos estilizados, propios de fines de la Edad Media. Los otros laterales del imponente torreón pétreo fueron perforados por grandes balcones diseñados por el arquitesto Casto Fernández Shaw cuando restauró toda la casa en 1933, siguiendo un estilo neomudéjar que se sirve del ladrillo. Otras portadas medievales pueden encontrarse en la calle Osio, destacando sus arcos conopiales de fines del siglo XV.
Círculo de la Amistad
Instituciones típicas de la burguesía decimonónica serían los casinos, lugares de reunión para el trato mercantil y la tertulia. Varios de estos centros existieron en nuestra ciudad, pero sólo uno ha sobrevivido. La razón de ello es que el Circulo de la Amistad supo siempre enriquecer sus funciones desempeñando una labor de promoción cultural, quizá la más sobresaliente en nuestra ciudad, hasta los tiempos en que la llegada de la democracia permitió que las administraciones y las entidades de ahorro se convirtieran en los nuevos mecenas de la cultura.
Se asienta el Círculo sobre terrenos de lo que fue un hospital en el siglo XV y posterior convento de monjas recoletas de la orden de San Agustín del siglo siguiente. De dicho convento, bajo la advocación de la Virgen de las Nieves, ha quedado el actual patio principal, antiguo claustro, obra de fines de siglo XVI, aunque bastante retocado. En 1836 se suprimió la fundación religiosa y el inmueble fue utilizado como casa de vecinos. En 1850, el juez José Miguel Henares fundaría allí el Casino Cordobés que poco más tarde, en 1853, tomaría el nombre de Círculo de la Amistad.
La que fuera iglesia del convento sirvió para que jóvenes aficionados al teatro y la literatura la alquilaran y se reunieran allí creando el Liceo Artístico y Literario. Esta institución no logró consolidarse y terminó fusionándose con el Círculo, que en 1856 adquirió todo el inmueble y el definitivo nombre de Círculo de la Amistad y Liceo Artístico y Literario.
Desde entonces las actividades artísticas y culturales que se han organizado son incontables, y gran parte de su actual patrimonio refleja la importancia que la institución ha concedido a las artes y a la creación literaria. En 1864 se creó la biblioteca, que, gracias a las aportaciones de socios y al nivel de adquisiciones, resulta imprescindible para el conocimiento de la literatura cordobesa del siglo XIX. Fue decorada a principios del siglo XX con un friso de relieves, obra de Mateo Inurria.
También son importantes las pinturas de Julio Romero de Torres
Convento de la Encarnación
Cerca de la Catedral cordobesa se encuentra esta iglesia de la orden cisterciense. A pesar de ser originario del medievo, las reconstrucciones renacentistas y barrocas han borrado los vestigios de épocas anteriores. El majestuoso templo se abre con una fachada de traza renacentista. El interior, de una sola nave y cubierta de bóveda es de estilo barroco. Se decora con estucos policromados de gran efecto visual debido a los azules, blancos y dorados que inundan la sala. De igual belleza es el retablo mayor, en oro y verde, columnas salomónicas y pilastras.
Convento de los Padres de Gracia
Ubicado en la Plaza del Corazón de María, Plaza del Alpargate para los parroquianos, junto a las murallas árabes, encontramos este convento trinitario de estilo barroco. Fue consagrado en 1686 y hoy es convento, templo, colegio, y comedor para indigentes. Destaca la portada de la iglesia, inicio de lo que serán las fachadas-retablo. Guarda el templo la imagen de Nuestro Padre Jesús Rescatado muy venerada entre los cordobeses
Convento de Santa Ana
Anexo al museo VIMCORSA, antigua casa Carbonell, se levanta este convento, fundado por las Carmelitas Descalzas en el año 1589, aunque la iglesia se construyó hacia 1608 bajo el patrocinio del Marqués del Carpio. Ha sido restaurado recientemente tras el incendio de 1993, que destruyó algunos retablos y esculturas. La iglesia es un templo barroco con planta de cruz latina, que se cubre con bóveda de cañón y media naranja en el crucero. La portada presenta una hornacina que acoge el grupo escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño.
El retablo mayor, del círculo de los Sánchez de Rueda, se terminó en 1710. En el interior del recinto conventual hay que destacar el gran claustro, la escalera renacentista con el escudo del fundador y una logia que se comunica con el jardín trasero.
Convento de Santa Clara
Construido sobre una primitiva mezquita del siglo X, aún podemos admirar de esta época, el alminar convertido en campanario y la portada de la calle Osio. El edificio ha sufrido gran deterioro tras el abandono a mediados del siglo XIX de su uso monacal. El alminar conserva el cuerpo bajo islámico, siendo construcción cristiana el superior. La fachada principal, en la calle Rey Heredia, presenta rasgos del siglo XVIII.
Convento de Santa Cruz
Situado en la calle Agustín Moreno, cerca de la Iglesia de San Pedro, se sitúa el extenso monasterio de la Santa Cruz, regentado por monjas Clarisas. Fundado en el siglo XV, conserva pocos vestigios de su origen gótico debido a las remodelaciones posteriores, gran parte de ellas en el barroco. La portada en arco de medio punto da paso al compás. En el acceso a la iglesia se pueden apreciar los escudos de los patronos del convento, Marqueses de Escalonias, enterrados bajo las gradas del presbiterio. La iglesia, totalmente remodelada en el siglo XVIII, llama la atención por el zócalo de azulejos dieciochescos y los artesonados de los coros alto y bajo
Cuesta del Bailío:
Se abandona la plaza del Conde Priego por la sinuosa y breve calleja que existe al fondo y que conduce a la puerta del Rincón, que conserva su nombre, pues fue derruida en el año 1852.
A continuación, se recorre la calle Alfaros, antigua calle Carnicerías, divisoria de la ciudad alta y la ciudad baja, como se aprecia, cien metros más adelante, subiendo la cuesta del Bailío. Según se asciende, se encuentra a la derecha la pared del huerto de los capuchinos y al coronar la cuesta se puede contemplar la puerta plateresca de la casa del Bailío.
Gran Teatro
El bulevar del Gran Capitán alberga en uno de sus lados el Gran Teatro de Córdoba. Obra del arquitecto Amadeo Rodríguez, se inauguró el 13 de abril de 1873 con la puesta en escena de la zarzuela Marta. Hasta 1970, año en que fue cerrado, sufrió diversas remodelaciones que no afectaron a su estructura inicial. Tras solicitud de derribo por parte de sus propietarios, se hizo cargo del lugar el Ayuntamiento de Córdoba en 1982, tras declarar el edificio Bien Histórico Artístico. Tras su restauración abrió las puertas el 20 de mayo de 1986. El Gran Teatro mantiene su estructura original con sala en forma de herradura y contiene un aforo de casi mil localidades. Anualmente actúa como sede del Festival Internacional de la Guitarra, siendo éste punto de referencia mundial sobre la música y cultura flamenca, además de contar con una completísima agenda durante todo el año.
Hospital del Cardenal Salazar. Facultad Filosofía y Letras
El hospital fue fundado por el Cardenal Pedro de Salazar a comienzos del siglo XVIII y hasta mediados de la década de 1970 siguió con el mismo uso, hasta que se destinó a albergar las facultades universitarias de Derecho y Filosofía y Letras, quedando años después reservado para uso de esta última. En 1701 el cardenal Pedro de Salazar, compró el terreno que antaño fueron casas solariegas de Antonio Carlos del Corral, situadas enfrente del Convento de San Pedro Alcantara, pensando edificar un colegio para los niños que servian en el Coro de la Catedral.
Pocos años después de iniciarse la obras, Córdoba sufrió una fuerte epidemia de peste. Las autoridades suplicaron al prelado que cambiase el destino del nuevo edificio convirtiéndolo en hospital. El resultado fue uno de los más interesantes edificios civiles de la Córdoba barroca.
Las trazas de este conjunto se deben al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, en tanto que la realización práctica de las obras se encargó al maestro Juan Camacho.
La planta del edificio es casi rectangular y se dispone en torno a dos patios de desigual desarrollo. Las fachadas exteriores se articulan en dos pisos, con pilastras pareadas apoyadas sobre un gran zócalo corrido; las ventanas rematan con frontón triangular abajo y con semicircular arriba. La portada, de dos cuerpos, está realizada en mármol y luce columnas sobre grandes resaltos. El piso superior lo constituye un vano en medio punto con remate muy moldurado que se adorna con el escudo del cardenal. En el centro va un balcón flanqueado por segementos de frontón curvado. La cornisa de remate se decora con una serie de mascarones, siendo el más destacado el que coincide con la portada.
Interiormente el edificio consta de tres zonas principales: la escalera y los dos patios, y en torno a ellas se distribuyen todas las dependencias. El patio principal, cerrado, repite un modelo habitual en la arquitectura cordobesa de estos años. Es de dos plantas y tiene una disposición similar a la de la fachada. La decoración se basa en los propios elementos arquitectónicos, pues las ventanas van rematadas con pequeños frontones triangulares y curvados que descansan en sencillas pilastras.
El otro patio es de menores proporciones, con la zona inferior abierta con arquerías sobre columnas y la superior cerrada, con ventanas adinteladas muy sencillas. La escalera principal, que se cubre con una bóveda de cañón, se ubica entre ambos patios y es de dos tramos con amplio descansillo.
En una de las crujías del patio principal, en las dos plantas, estuvieron las capillas, alta y baja, hoy convertidas en aulas. Ambas están cubiertas por bóveda de cañón rebajado en la nave, presentando la de arriba cúpula en el presbiterio y la de abajo cubrición por arista. En la portada de ingreso a la capilla baja hay una talla de San Rafael. Al fondo del patio central existe otra escalera, de menores proporciones y también de dos tramos.
Iglesia Colegio de Santa Victoria
Situada cerca de la plaza de la Compañía encontramos la iglesia de Santa Victoria, ejemplo singular de la estética neoclásica cordobesa. El edificio data del último tercio del siglo XVIII y es obra del arquitecto francés Baltasar Drevetón. La imponente portada se compone de un majestuoso pórtico curvo sostenido por seis columnas de orden compuesto, cornisa y frontón triangular, en cuyo centro se ven las armas del fundador, el obispo don Francisco Pacheco. El interior del templo es una rotonda cuyo entablamento lo sostienen dieciséis columnas de orden corintio. Está formado por cinco altares. El mayor, de madera dorada, lo ocupa la titular, Santa Victoria, mártir y patrona de Córdoba, obra de Gómez de Sandoval. La mayor parte de los cuadros que decoran su interior son de Francisco Agustín Grande, pintor neoclásico. Entre las muchas piezas que llaman la atención figura una que le dicen de los Secretos, por sus condiciones acústicas, puesto que hablando uno en voz baja en cualquiera de sus ángulos lo oye el que se coloque en el opuesto.
Iglesia de la Magdalena
Cerca del barrio de San Lorenzo encontramos un edificio de gran valor histórico, la iglesia de la Magdalena, una de las primeras en edificarse y modelo para otras parroquias cordobesas. En su estilo artístico se mezcla el románico, gótico y mudéjar. La portada principal es la situada a los pies y luce un bello rosetón. De las entradas laterales sobresale la de la derecha, decorada con punta de diamantes, fechada como la más antigua puerta de las iglesias de Córdoba. La torre, del siglo XVII, se desarrolla en cuerpos decrecientes.
Iglesia de la Trinidad
La Parroquia de la Trinidad es el resultado de la fusión de tres instituciones religiosas, el convento de la Trinidad y las parroquias de Omnium Sanctorum y de San Juan de los Caballeros.
La parroquia de Omnium Sanctorum es considerada como fundación fernandina, aprovechando para su construcción el edificio de una antigua mezquita. La iglesia de San Juan de los Caballeros de Jesrusalén fue parroquia de su collación. Apenas se conoce el ajuar litúrgico que contenían ambas instituciones.
En 1799, se refundieron en una sola ambas parroquias. Pero a raíz de las sucesivas desamortizaciones que se produjeron a lo largo del siglo XIX, y a causa del deteriodo que presentaban ambos edificios, se optó por concentrar las parroquialidades en una sola y trasladar la sede a la iglesia del Convento de la Trinidad, que era el edificio de mayor prestancia.
En los años finales del siglo XVII la iglesia conventual de los trinitarios se encontraba en un estado bastante deporable, realizadas las gestiones oportunas las obras dieron comienzo en la década final del Seiscientos, y para 1710 estaban terminadas. Aunque no se conoce su autor, se apunta a que se deban al maestro Francisco Hurtado Izquierdo. La planta es de nave única, con crucero apenas esbozado y cabecera rectangular. El crucero se cubre con una cúpula sobre pechinas, mientras que el resto de la iglesia lo hace con bóveda de cañón con lunetos.
En alzado muestra pilastras decoradas con placados por encima de las cuales una moldura cornisa recorre todo el perímetro del templo. Sobre las pilastras montan los arcos formeros que articulan los tramos de la nave. Entre ellos se disponen medios puntos donde se alojan los altares. La sacristía ocupa todo el ancho del prebisterio y es de planta rectangular, mientras que el coro está situado en alto y a los pies. La bóveda del sotocoro se adorna con pinturas murales representando motivos heráldicos y florales que se fechan en 1707. En este espacio hay también una pequeña e interesante portada pétrea que adorna la subida al coro.
Las dos portadas que permiten el acceso al templo se construyeron en el siglo XVIII. La principal se encuentra situada a los pies. Está formada por pares de columnas que sostienen un frontón partido por encima del cual hay una hornacina flanqueada por columnas salomónicas, donde se encuentra una talla de un ángel con hábito trinitario socorriendo a dos cautivos. Junto a esta portada se alza la espadaña, cuya estética responde plenamente a los modelos seiscentistas.
La portada que se abre al costado derecho de la nave es de esquema adintelado, con una hornacina en la que se aloja la escultura del fundador San Juan de Mata..
Posee esta iglesia un notable conjunto de retablos fechables en el siglo XVIII. El retablo mayor, del maestro Juan Fernández del Río, esta fechado en 1724. Presenta un orden colosal de columnas salomónicas sobre el que descansan la volada cornisa y el ático. Se adorna con esculturas de San Juan de Mata y San Felix de Valois en el cuerpo inferior, y de Santa Catalina y Santa Inés en el superior, todas realizadas por el propio Fernández del Río.
La calle central presenta en la zona inferior una estructura peculiar, ya que la parte del sagrario se dispone a modo de cámara con acceso desde la sacristía; este espacio va decorado con pinturas murales, debidas a Antonio Palomino, que representan motivos del Antiguo Testamento.
Por encima del sagrario hay un templete con una hermosa talla de la Virgen del Coro, del taller de Alonso Gómez de Sandoval. En el ático se ve un relieve de la Virgen coronada por la Trinidad de autor anónimo.
Hacia 1730 se fechan los dos retablos que adornan el crucero; el de la izquierda aloja en el centro la imagen manierista del Cristo de la salud, fechado en 1590. A los lados hay otras dos imágenes de talla representando al Cristo del Escarnio, de estética manierista y a la Trinidad, fechable en el siglo XVIII. Sobre la mesa del altar, a los pies del Crucificado se halla una imagen de la Dolorosa, obra barroca granadina de candelero. El ático del retablo guarda un lienzo que representa el Descendimiento, obra de escuela cordobesa del siglo XVII.
El retablo del lado derecho se estructura con estípites, y la imágenes que lo adornan corresponden a épocas diferentes. La talla más antigua es la de la Virgen de los Remedios, del tercio final del Cuatrocientos. A los lados aparecen las de San Fernando, San Rafael, Santo trinitario y Santa Lucía, obra de Alonso de Mena.
En la década de 1760 se realizaron los dos retablos que figuran colocados en la mitad de la nave, uno a cada lado. El de la izquierda está dedicado a la Divina Pastora y se fecha hacia 1765.
El retablo situado enfrente fue realizado en estuco por Alonso Gómez de Sandoval en 1769. En el sotocoro se conservan también varios retablos setecentistas. En la sacristía se conserva otro retablo del dieciochesco, en el que hay una talla de San Miguel. En una pequeña repisa se ve un delicioso grupo en barro policromado que representa a San José con el Niño.
Posee este templo una estimable colección de cuadros de estética barroca, algunos de los cuales proceden de las parroquias anexionadas. La mayoría son obras encuadrables en el XVII, a excepción de lo pintado por Palomino para el sagrario, que se fecha en el XVIII.
Con Antonio del Castillo se ha relacionado el Bautismo de Cristo que figura en el ático del retablo de la Divina Pastora.
Se ha habilitado en el piso alto de las dependencias parroquiales una sala, que tiene planta rectangular y cubre con artesonado del XVIII policromado en verdes dorados y blancos. En esta se exponen diversas piezas, tanto de pintura como de orfebrería
Iglesia de los Dolores y Hospital de la Caridad
A la izquierda de la plaza de Capuchinos se encuentra el antiguo hospital de San Juan y San Jacinto, para enfermos incurables. Este hospital es vulgarmente conocido como el convento de los Dolores, pues en su pequeña iglesia, en un camarín barroco decorado con espejos, se venera la Virgen de los Dolores, talla del granadino Juan Prieto. Una Dolorosa que mueve sobremanera la devoción de los cordobeses. La fundación del hospital data de 1596 y la de la recogida iglesia del siglo XVIII.
Iglesia de San Agustín
Situada cerca de San Lorenzo, la construcción original de la iglesia se fecha en 1328 y, al igual que muchas de ellas, las intervenciones barrocas cubren el trabajo medieval. San Agustín es una de las joyas cordobesas del barroco. La fachada principal es fruto de las aportaciones realizadas en los siglos XVI y XVII, dando como resultado una interesante sucesión de arcos y columnas corintias con frontón partido. En el interior, de tres plantas y crucero, se produjo descubrimiento de interesantes murales y frescos durante la restauración a la que fue sometida el edificio entre los años 2007 y 2009 por parte de la Junta de Andalucía, invirtiendo más de 3,5 millones de euros.
Iglesia de San Andrés
Cercana a la iglesia de San Pablo, en la plaza de San Andrés, podemos visitar la iglesia del mismo nombre. Fundado en el siglo XIII, pudo ser construida sobre una basílica visigoda, aunque las intervenciones de los siglos XVII y XIII enmascararon todo vestigio anterior. La torre conserva su parte baja del siglo XVI, siendo la superior del siglo siguiente. La portada principal, del siglo XVII, ostenta el escudo del obispo Siuri. Destaca en el interior un hermoso retablo barroco de estilo churrigueresco trazado por Pedro Duque Cornejo, así como numerosos lienzos de gran valor artístico, como los realizados por Antonio del Castillo o Palomino
Iglesia de San Francisco y San Eulogio de la Axerquia
Los restos, en parte restaurados, del claustro de esta iglesia conventual, envuelven esta parte de Córdoba en un ambiente casi romántico. Fundado en el siglo XIII, las remodelaciones barrocas inundan convento y templo, destrozado tras las desamortizaciones del XIX. La portada de acceso, realizada en mármol y de estética barroca, acoge una hornacina con la imagen de Fernando III el Santo. La iglesia, de una sola nave y crucero, alberga un precioso retablo dieciochesco
Iglesia de San Lorenzo
Situada en el barrio del mismo nombre, esta iglesia es una de las más exquisitas joyas de la arquitectura medieval cordobesa. A pesar de las remodelaciones, las restauraciones de principios de siglo le han devuelto parte de su estética primigenia. Su originalidad radica en el pórtico de tres arcos que antecede a la entrada principal, situándose en el lado izquierdo la torre, y en el, centro el imponente rosetón. La torre fue construida sobre el alminar de una antigua mezquita, cuyos restos pueden verse en el cuerpo principal, siendo lo tres últimos añadidos del XVI por Hernán Ruiz II. El movimiento de los prismas superiores precede en estética a la Giralda sevillana. En su interior destacan la cabecera, cubierta con pinturas italogóticas, y el retablo mayor barroco, alojado hoy en día a los pies de la iglesia, cerca de la imponente pila bautismal.
Iglesia de San Miguel
Situada en el centro de la ciudad, cercana a la calle Cruz Conde, la iglesia de San Miguel es una construcción gótica medieval con remodelaciones barrocas. De la portada llama la atención el hermoso rosetón de columnillas entrelazadas. El interior, dividido en tres naves por pilares, desemboca en el presbiterio, decorado con un retablo marmóreo del siglo XVIII. Los diversos lienzos y tallas barrocas conviven con obras del XIX. Posee una interesante capilla bautismal cubierta con una hermosa cúpula mudéjar
Iglesia de San Nicolás de la Villa
En pleno centro de Córdoba, en el Bulevar del Gran Capitán, se eleva esta grandiosa construcción fundada en el siglo XIII y reedificada en el siglo XV siguiendo una estética gótico-mudéjar. Posee una de las torres más bellas de las iglesias fernandinas, de forma poligonal y realizada sobre un alminar. También es de gran belleza su portada norte, construida en 1555 por Hernán Ruiz II. Destacan en su interior varios elementos de gran valor artístico como La Capilla del Bautismo del siglo XVI, el retablo mayor, de estilo barroco, la urna eucarística del orfebre Damián de Castro y el artesonado de la nave principal.
Iglesia de San Pablo
Frente al Ayuntamiento cordobés se sitúa la imponente iglesia de San Pablo. Construida entre los siglos XIII y XIV acusa, sin embargo, importantes reformas del siglo XVIII. La fachada exterior se abre a la calle Capitulares con una portada de movidas columnas salomónicas. La torre conserva uno de los tres carillones mejor conservados de toda España. Tras el compás se vislumbra la portada de corte manierista que da acceso al templo de tres naves. En el interior sobresalen el artesonado con decoración mudéjar, el retablo mayor, la qubba o edificio abovedado (posiblemente restos de un palacio almohade sobre los que se construyó la iglesia) y la famosísima imagen de Nuestra Señora de las Angustias, realizada por Juan de Mesa en el siglo XVII
Iglesia de San Pedro de Alcántara
Situada cerca de la Corredera, las sucesivas reformas a la que se ha visto sometida han ocultado sus características arquitectónicas originales. Se han conservado dos portadas medievales, así como el primer cuerpo de la torre. Las intervenciones más notables son las de Hernán Ruiz II en el siglo XVI, elaborando la fachada principal, y la de Juan de Ochoa, que construye la sacristía en el XVII. En el XVIII se le añaden a las techumbres yeserías. En el interior destacan el retablo mayor, obra del siglo XVIII realizado por Negrete, y el retablo de la Capilla de los Mártires, obra de Alonso Gómez de Sandoval.
Iglesia de Santa Marina
En la Plaza del Conde de Priego es la parroquia del barrio del mismo nombre, el más grande y popular de Córdoba, y fue fundada por el rey Fernando III El Santo.
Su construcción se inició en los últimos decenios del siglo XIII y se prolongó durante el XIV. Reúne los estilos tardorrománico, gótico y mudéjar, aunque también posee elementos de siglos posteriores, como la torre renacentista y el sagrario, reformado a lo largo del siglo XVIII. Interesante es su rosetón, así como la portada lateral izquierda, única por sus características en Córdoba.
El edificio, con cierto aire de fortaleza, distribuye su interior en tres naves de estilo barroco. Cabe destacar la capilla bautismal mudéjar del siglo XV y la capilla funeraria de los Orozco.
Iglesia de Santiago
Como la mayoría de las iglesias fernandinas, se construyó sobre el solar de una antigua mezquita omeya de la que conserva el alminar, convertido en torre cristiana. Sus características arquitectónicas originales le han sido devueltas gracias a las obras de restauración que se han practicado en el edificio. El cuerpo la iglesia, de planta rectangular, se estructura en tres naves. Contiene numerosas obras de interés artístico, como la imagen del Cristo de las Penas, talla anónima del siglo XV.
Iglesia del Juramento de San Rafael
La Iglesia del Juramento, como se llama desde su construcción, el 23 de febrero de 1796, fue levantada sobre la primitiva ermita y la casa donde vivió el Padre Roelas.
La iglesia es de tres naves y coro alto, bóvedas bajas laterales; sobre las bóvedas hay una galería, con tribunas, cerradas con celosías. La nave central forma un círculo en el lugar que se hubiera formado el crucero, que es el centro de la iglesia, en el que se levantan dos grandes arcos y un tambor, apoyo de la cúpula esférica de cascos. Las naves laterales se curvan y envuelven la planta circular, con tribunas. En el centro un gran templete y sobre un gran basamento, la imagen del Arcángel.
La fachada del templo, de estilo neoclásico, está formada por tres cuerpos; el bajo con tres vanos de puerta, entrada a las tres naves del templo. Sobre las puertas un arquitrabe cuyos motivos decorativos son los clásicos triglifos y clipeos, rodelas en lugar de metopas. El segundo cuerpo, con tres ventanas sobre las vanos, adornados los espacios con pilastra. Y el tercero es un gran frontón triangular, con imágenes de santos. El frontón está flanqueado por dos torres-campanarios de tres cuerpos. Predomina en toda la fachada la verticalidad y un planismo armónico muy acentuado.
La iglesia del Juramento es obra de un cordobés, formado en el neoclasicismo académico, del que se desconoce su identidad.
Iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos
La desaparecida iglesia de Santo Domingo de Silos constituía, en el medievo, una de las siete collaciones en las que dividió San Fernando la Villa. Posteriormente se fundió con la del Salvador. Los restos de este antiguo templo se encuentran hoy en día integrados en el majestuoso Archivo Provincial.
Jardines de la Agricultura
Denominados popularmente de 'Los patos'; están ubicados entre las avenidas de Cervantes, América y Mozárabes, siendo de los más ricos en especies vegetales de cuantos parques adornan la ciudad de Córdoba
Se le llama 'Jardín de la Agricultura' porque la tierra que comprende era una gran extensión de hazas y huertas con abundante agua, que el Ayuntamiento adquirió en 1866 para convertirla en un extenso jardín. Los árboles y arbustos del lugar, desde que se abre el jardín, hasta su fin van desde corpulentos plátanos que sombrean algunas de sus avenidas, ailantos, olmos, acacias y robinias, moreras (algunas péndulas o de la China), naranjos, álamos, fotinias, prunos, pinos, aligustres o algunos menos frecuentes, como casuarinas, jacaranda, árboles de Júpiter, o palmitos
Hay en estos jardines ejemplares únicos de toda la ciudad, como un ginkgo (único superviviente de la vegetación mesozoica), una esterculia de hoja de arce, dos castaños de Indias, un tilo, una fora péndula, una cica, una picea y un elegante grupo de jaboneros de la China Koelreuteria paniculata.
Destacan en estos jardines especies que podemos encontrar en otros, aunque difícilmente tan desarrollados (los mismos jaboneros anteriormente dichos), como las esbeltas palmeras del género Washingtonia (hojas de abanico), de veinticinco a treinta metros, el viejo cedro, o los hermosos ejemplares de magnolios y los granados. Queda por añadir los arbustos que se distribuyen por los distintos parterres que, configuran el conjunto, donde no faltan las espinosas arborescencias del áloe, los celindos, durillos y daturas, los plumeros de las cortaderias, como en todo tiempo aligustres y transparentes configurando setos, fotinias y espireas, ricinos y mundillos, pitósporos y rosales.
En el recinto de estos jardines se complementa con dos estanques obra de José María de Montis (de 1868) y diversos monumentos. En el mayor y primero de los estanques, llamado de los patos, se encuentra el grupo escultórico en bronce ('Agricultor, la Agricultura y el Progreso') implantado en 1964. Otros monumentos son el dedicado a Julio Romero de Torres, obra del escultor Juan Cristóbal González de Quesada; la partida columnamonumento a Rubén Darío; el busto en mármol de Mateo Inurria; y el dedicado a la memoria del ciudadano y jardinero Aniceto García Roldán muerto en acto cívico (18-7-1986) constituido por dos bloques de piedra blanca con inscripción conmemorativa sobre una especie de yunque y enrejado envolvente de hierro negro.
Jardines de la Merced
Los jardines de la Merced, también llamados de Colón, están ubicados en el Campo de la Merced. Reciben el nombre de la Merced debido al convento de dicha Orden que hubo en este lugar; como paseo el Campo de la Merced fue iniciativa en 1835 del Sr. Conde de Torres Cabrera, alcalde de la ciudad. De esta época son los cimientos para la fuente que habría de ocupar el corazón del jardín, su centro húmedo.
La especie más abundante que se encuentran en estos jardines son los robustos plátanos, alguna melia o árbol del paraíso, las palmeras (datiliferas o canarienses), los naranjos, los recios pinos, alguna esbelta casuarina, moreras y sus cedros (todos ellos del Himalaya, de ramas péndulas y conos verdeazules, Cedrus deodara).
Y aún quedan las especies no numerosas, las que si en otras localizaciones de la ciudad proliferan aquí son singulares. Los ligeros álamos blancos que quedan hacia la parte de la gasolinera, los pequeños prunos que se agrupan ya detrás del Colegio Ferroviario y las vetustas melias.
Como nos quedan los que son tipos únicos, desde la palma de tronco retorcido que vigila la espalda del morabito, la acacia de tres espinas no lejos del Colegio Colón, el brachichiton impar que allí podemos ver, la mimosa que retuerce su tronco hacia la puerta que mira a la Malmuerta, bien cerca de un mandarino perfumado, hasta los cipreses grises (Cupressus arizónica) recortados como obeliscos en el lado contrario, donde el parque comienza cuando concluye la ruidosa Avenida de Los Tejares.
No puede decirse todo. Los recuadros de césped, por ejemplo, gozan de arbustos o de plantas tales como durillos, aligustres casi arbóreos, yucas y pitas, adelfas y fotinias bien crecidas, rosales, senecios y áloes arborescentes, hebes y tuyas.
Medina Azahara
A 8 km. de Córdoba, dirección carretera Palma del Río se encuentra Madinat alZahra la popular Medina Azahara. Fue construida por el califa Abd alRahman III, a 5 km. de Córdoba, y su edificación fue llevada a cabo con el dinero que le legó la favorita alZabra. Comenzó a erigirse en el año 325 de la Hégira (936 de J.) y duró su construcción 25 años. Los sucesores de Abd alRahman III la ampliaron y embellecieron su ornamentación y sus jardines. Sin embargo, la hermosa ciudad sufrió como ninguna las vicisitudes políticas y, en el año 1010, contando sólo 74 años de existencia, fue destruida y saqueada por los bereberes. En 1236, al ser conquistada Córdoba por Fernando III el Santo, no quedaba de Madinat alZahra más que el recuerdo, y los materiales de sus ruinas sirvieron para que se construyeran con ellos palacios, iglesias y conventos. En el año 1853, Pedro de Madrazo identificó los restos que quedaban y en 1923 todo el recinto fue declarado Monumento Nacional.
La ciudad tiene planta casi rectangular y está construida mediante terrazas escalonadas, adaptadas al declive de la montaña, separadas por muros muy amplios. La parte alta estaba ocupada por los palacios; en la zona intermedia se distribuyeron huertas y jardines, y en la parte baja colocaron la mezquita mayor, viviendas, talleres y demás dependencias. Hay, sin embargo, una gran extensión, donde los montículos formados por los viejos escombros y la tierra que el tiempo ha ido acumulando, permiten indicar perfectamente dónde estaban muchos de los diversos edificios que aún no han podido ser objeto de excavación.
El visitante puede hacerse una completa idea de la grandeza y magnificencia de la ciudad, sólo con pasear por sus estancias y patios, pues se conservan restos de pinturas, zócalos y losas, así como fragmentos de columnas, trozos de fustes, basas y capiteles de mármol blanco bellamente trabajados, correspondientes a los órdenes compuesto y corintio.
Donde verdaderamente encontraremos la demostración de la inmensa belleza de Madinat alZahra y de sus armoniosas proporciones, es en el edificio descubierto en 1944, del que se hallaron tantos materiales, que ha sido posible acometer la empresa de su fidedigna restauración.
En el formidable salón que servía para las audiencias y recepciones del califa Abd alRahman III y sus sucesores, se han encontrado inscripciones que no sólo conservan las fechas, sino también los nombres de los artistas que lo construyeron pudiendo deducirse de ello, que se terminó entre los años 956-57. Es tal la profusión de columnas, capiteles, arquerías, zócalos, murales, etc., que se nos muestra en todo su esplendor el punto culminante de la plena absorción de las influencias sirias y bizantinas por los alarifes cordobeses, lo cual es como poner de relieve lo más exquisito del arte califal español.
No seria posible cerrar estos textos, tan expresivos de admiración ante las construcciones musulmanas de Córdoba, sin dedicar un recuerdo a Madinat alZahira, la ciudad cortesana fundada por Almanzor. Es difícil situar su exacto emplazamiento; pero si se sabe que fue levantada en la margen derecha del Guadalquivir, y que al irse extendiendo sus calles y edificios, llegaron a unirse con los arrabales de Córdoba. Fue destruida y saqueada el 1009 y con su ruina finalizó la dinastía de los amiríes.
Mezquita Catedral
La mezquita de Córdoba es hoy una mezcla de estilos arquitectónicos superpuestos, que se sucedieron y se acoplaron a lo largo de los nueve siglos que duraron las construcciones y reformas, pues parece que no hubo generación que renunciara a dejar su huella en esta edificación única, de fisonomía y conjunto plenamente original.
La construcción de la mezquita de Córdoba fue iniciada a finales del siglo VIII; año 785, por orden de Abd alRahman I y sobre la planta de la catedral visigótica de San Vicente, cambiando de orientación el eje de dicha planta. Poseía once naves, ordenadas de norte a sur, siendo la central algo más ancha que las demás y el 'Patio de los Naranjos'.
Su exterior se desarrolla en una muralla coronada por almenada crestería y fortalecida por torreones cuadrados, entre los que se abren las diversas puertas del edificio. Los capiteles muestran una extraordinaria variedad; jónicos, corintios y compuestos; casi todos ellos son de creación romana y bizantina, como procedentes en gran parte de la anterior basílica cristiana de San Vicente
En el año 833, Abd alRahman II amplió la mezquita hacia el sur y construyó un nuevo 'mihrab'. Esta segunda construcción muestra como novedad la supresión de las bases y la aportación de bellísimos capiteles, que si en gran parte son todavía procedentes de edificios anteriores, ya pueden filiarse algunos como tallados expresamente por obreros cordobeses.
La parte más rica fue añadida por el califa AlHakam II en el 961 Esta ampliación es la más hermosa de todas destacando su cúpula, aportación de la cultura cordobesa del siglo X. También poseen notable belleza, por su extremada decoración en piedra, así como por su admirable entrecruzamiento, arcos angrelados y lobulados que dan acceso y límite a este recinto singular.
Y por último, el caudillo Almanzor la completó hacia el este, otorgándole sus actuales proporciones, incluyendo esta ampliación también al 'Patio de los Naranjos'. Esta obra tiene más regularidad en los materiales empleados y también posee más uniformidad que las anteriores. Comprende ocho naves, y no alcanza la importancia de las construcciones que la precedieron, porque corresponde ya a la decadencia del Califato. A simple vista puede observarse que las columnas no ofrecen la elegante firmeza de las anteriores edificaciones y que los capiteles, imitan a los de alHakam II.
En 1236 la Mezquita fue convertida en catedral por San Fernando, adicionándosele constantemente capillas, elementos decorativos y otros atributos y símbolos del culto católico. A partir de entonces los obispos que se sucedieron trataron de realizar transformaciones en la obra musulmana, para acomodarla a las exigencias del culto cristiano. En el siglo XV, los Reyes Católicos les permitieron la construcción de una 'Capilla Mayor'. En el siglo XVI, una nueva presión eclesiástica logró quebrantar la fuerte oposición del Cabildo Municipal y de los cordobeses, quienes por mandato supremo de Carlos I tuvieron que someterse forzosamente en 1523 a la gran reforma, que habría de intercalar, entre la construcción de Abd alRahman II y parte de la de Almanzor, el templo católico. Hay una mezcla de estilos en esta reforma, terminada en 1766.
La 'Capilla Mayor' tiene planta de cruz latina. Son góticos sus arcos. En el centro del crucero podemos contemplar la grandiosa lámpara de plata, obra del platero cordobés Martín Sánchez de la Cruz. La sillería del coro es una formidable expresión del arte barroco, tallada en caoba y realizada en el siglo XVII por Duque Cornejo. Tiene un extraordinario mérito el facistol del centro, coronado por un templete que posee una imagen de marfil de la Santísima Virgen, original de Alonso Cano.
Las capillas adosadas a los muros que cierran la Mezquita, más de cincuenta, tienen un valor extraordinario para las bellas artes, porque son representativas de su evolución en Córdoba a través del tiempo. Rejería, azulejería, pintura y escultura nos muestran ejemplares de todos los momentos de su historia. El tesoro muestra también excelentes colecciones de portapaces y relicarios, cálices y copones de oro y plata, destacando, entre estos últimos, uno importantísimo, atribuido a Benvenuto Cellini. El tesoro de la Catedral de Córdoba posee, como ejemplar de singularísima valía, la Custodia, labrada por Enrique de Arfe y estrenada en la procesión del Corpus Christi de 1518. En el exterior de la Mezquita podemos contemplar las numerosas puertas que posee el templo como por ejemplo la 'Puerta del Perdón', 'Postigo de la Leche', 'Puerta de los Deanes', 'Puerta de San Esteban', 'Santa Catalina' ...; el retablo de la Virgen de los Faroles y la fuente del Caño Gordo.
La torre, obra de Hernán Ruiz, realizada sobre los restos del alminar árabe que construyera Abd alRahman III, y coronada por un 'San Rafael', obra del escultor cordobés Pedro de Paz.
Monasterio de San Jerónimo
En la ladera sur de la sierra de Córdoba, frente al conjunto de Medina Azahara, se encuentra el Monasterio de San Jerónimo.
La estructura del edificio se funde con la vegetación en una espléndida simbiosis de piedra y vida. Sin embargo, lo que hoy podemos ver es el resultado de la abnegada labor de los Condes Du Chastel y Marqueses del Mérito, actuales propietarios del Monasterio. Las vicisitudes históricas por las que fue pasando este monasterio, derivaron en el estado ruinoso en el que se encontraba a principios del siglo XX. La información que poseemos de dicha fecha únicamente nos habla de 'ruinas a media montaña' de 'informe montón de escombros' y en definitiva de 'abandono y destrucción'.
En aquel entonces era tan sólo el recuerdo degradado de pasadas glorias que hoy vuelven a recuperarse con una restauración prudente.
Su origen data de principios del siglo XV cuando un fraile jerónimo, Fray Vasco de Sousa, recibe una donación de tierras desde el río Guadiato al Guadalquivir para fundar un monasterio que por la belleza de su entorno recibe el nombre de 'Valparaíso' y que vino a ser considerado como el mejor monasterio de Andalucía.
Desde esa fecha hasta principios del siglo XIX se inscriben unos cuatrocientos años de vida monacal durante los cuales se irá configurando la fisonomía arquitectónica del edificio, se irá llenando de tesoros artísticos y de trofeos históricos y se ennoblecerá con la presencia en él de reyes y nobles. Fue residencia de Isabel la Católica durante parte de la guerra de Granada, de Felipe II, de Cosme de Médicis y de otros personajes históricos y se acumuló un importante legado de cuadros y esculturas.
Pero experimentó un proceso de decadencia hasta llegar a principios del siglo XIX en que apenas quedaban frailes. Por ello fue víctima de la política desamortizadora de aquella época y cayó en manos de quienes tan sólo se dedicaron a explotar las tierras y a desposeerlo de los tesoros artísticos que la historia había ido acumulando. La degradación duró todo el siglo XIX hasta llegar al estado lamentable que presentaba a comienzos del XX.
El hecho de tratarse actualmente de una vivienda privada condiciona su visita, que quedará limitada a unas cuantas zonas clave, evitando la entrada en espacios íntimos de la familia de Chastel Mérito.
Dentro del devenir histórico que ha configurado este conjunto arquitectónico, es el gótico avanzado el estilo predominante. La iglesia y el claustro se configuran con arcos apuntalados, bóvedas de nervios y portadas entre machones y pináculos del más puro gótico provincial.
El recorrido que implica una visita discreta al conjunto afecta sólo a la planta baja y comienza en el patio de entrada ante la fachada de la iglesia.
Inscrita entre dos machones helicoidales coronados con pináculos góticos, la puerta está rematada con un arco apuntado, trasdosado con otro conopial flanqueado con cardinas. Dentro de este arco, un tímpano con otra triple arquería del mismo estilo, ofrece actualmente una superficie lisa por haberle sido arrebatadas las esculturas que fueron regaladas al político don Antonio Cánovas del Castillo.
El interior de la iglesia evidencia el estado de degradación en que derivó el conjunto. Actualmente queda cubierta la zona del coro desde donde situamos el punto de observación. La cúpula, montada sobre pechinas de ladrillo, data del siglo XVIII. Permanece en pie, mientras el sector entre esta cúpula y el coro es un espacio 'a cielo abierto', por la caída de la techumbre. El criterio seguido de no restaurar más allá de lo imprescindible configura esta iglesia como una 'ruina consolidada'. El paramento del fondo ofrece la ausencia de su retablo original, obra de Alejo Fernández y que probablemente corresponda al que actualmente hay tras el altar mayor de la iglesia de S. Nicolás de la Villa.
El tránsito por la galería baja del claustro posiblemente constituya el momento más evocador de la vida conventual. La bóveda de nervios cruzados y los recios fustes de las columnas que soportan arcos ojivales introducen al visitante en la sobriedad de la vida conventual. La bóveda de nervios cruzados y los recios fustes de las columnas que soportan arcos ojivales introducen al visitante en la sobriedad de la vida monástica de la Baja Edad Media. Una de las puertas que se abren a este claustro da acceso a la llamada sala 'De Profundis', actualmente espacio privado.
Por otra de las puertas del claustro se accede a la Sala Capitular. Dilatado espacio en el que se ha conseguido restituir el ambiente original y en el que el sentido intimista de lo claustral se contrapone con la visión a través de los ventanales, del piedemonte de la Sierra y el Valle del Guadalquivir.
Termina el recorrido en el llamado 'Patio de los novicios'. Porticado con arquería de medio punto y fustes lisos, tiene una pila de mármol blanco procedente de Medina Azahara. A ella vierte el agua una reproducción de la escultura de la cierva de la misma procedencia, cuyo original conserva el Museo Arqueológico Provincial.
Monumento a Julio Romero de Torres
El 9 de noviembre de 1874 nace en Córdoba, en el edificio que acoge el Museo de Bellas Artes, Julio Romero de Torres. Su padre Rafael Romero Barros, fue pintor y director-fundador de dicho museo. Inicia su vida artística en una época de corrientes pictóricas enfrentadas y vive intensamente la vida cultural cordobesa de finales del siglo XIX, que giraba en torno a la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Elegido académico numérico de esta organización, compagina su trabajo de profesor de Artes y Oficios con otros de restauración de obras de arte. En sus viajes a Madrid entabla amistad con los tertulianos del café Nuevo Levante, entre los que destacan Zuloaga, José Gutierrez Solana, los hermanos Baroja y Valle Inclán.
Su pintura pasa por distintas etapas, desde el folklore más tradicional hasta el simbolismo más absoluto. Ha pasado a la historia por pintar a la mujer morena, de rasgos agitanados, ojos profundos y una melancolía eterna, plasmado todo ello en el famoso cuadro La Chiquita Piconera. Julio Romero ha sido de los pocos pintores que ha gozado de fama y reconocimiento en vida, participando en varias exposiciones universales. El diez de mayo de 1930 moría en su casa de la plaza del Potro.
Tras la desaparición del pintor, su familia donó las obras presentadas en la Exposición Iberoamericana sevillana de 1929 al Ayuntamiento de Córdoba para la creación de un museo en su memoria. En 1931 abre las puertas dicho museo, recuerdo vivo de la poesía en colores de Julio Romero de Torres.
Monumento a los Reyes Católicos y Colón
El mundialmente famoso navegante, Cristóbal Colón, nacido en 1451, pasó parte de su vida en Córdoba, bajo la protección de los Reyes Católicos.

En los años ochenta del siglo XV, Cristóbal Colón fue recibido por los mismos monarcas en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba, donde habían establecido su Corte durante los últimos años previos a la conquista de Granada. Colón expuso a los reyes su proyecto, mostrándose el rey frío y evasivo, más preocupado por la guerra contra los nazaríes que por otros acontecimientos. Sin embargo la reina, que creía más en el proyecto, juzgó conveniente someter los planes de Colón a una comisión de peritos tal como había sucedido en Portugal. Entre 1487 y 1488 esperando en Córdoba la decisión de los monarcas Colón conoció a Beatriz Enríquez de Arana, joven cordobesa de familia humilde, de quién tendría el 15 de agosto de 1488 a su hijo Hernando, historiador y futuro biógrafo del almirante. Colón nunca llegó a contraer matrimonio con la joven cordobesa pero la encomendó en su testamento a su hijo legítimo Diego Colón.
En el Alcázar de los Reyes Cristianos, decorando el monumental jardín, se encuentra un conjunto escultórico que representa a Colón ante los Reyes Católicos.
Monumento a Manolete
El 4 de julio de 1917 nace, en el castizo barrio de Santa Marina, Manuel Rodríguez Sánchez, "Manolete". De larga casta de toreros, tomó la alternativa el 2 de julio de 1839 en la sevillana plaza de la Maestranza. Desde entonces la carrera de esta joven promesa del toreo se hace imparable. Pasea su arte por los mejores cosos españoles e, incluso, internacionales, siendo aclamado por el público en Méjico, Perú, Colombia y Venezuela. Sus amigos lo recordaban como persona de gran seriedad y empaque, rasgos que le llevaron a ganarse el respeto del público. Su personal estilo en la lidia, enfrentándose al toro de perfil, llenó de ovaciones los ruedos. El 28 de agosto del año 1947, Manolete comparte cartel en Linares con Gitanillo de Triana y Luís Miguel. El segundo toro de los seis que le pertenecían, un Mihura soberbio, lo alcanzó mortalmente, truncando la vida y carrera de este Califa del toreo.
El museo Taurino de Córdoba recoge la vida y carrera del diestro cordobés, exponiéndose en sus vitrinas el traje de luces que lució la fatídica tarde.
Murallas
Córdoba fue en la antigüedad una ciudad totalmente amurallada, y aunque las modernas construcciones han desbordado con creces lo que fuera su recinto medieval, aún se conservan grandes lienzos de murallas que atestiguan su vieja estructura.
El recinto de Córdoba estaba dividido en dos amplias partes: la Almedina y la Ajerquía, ambas encerradas en fortificaciones independientes y separadas por un muro divisorio, del que aún puede admirarse recia muestra a lo largo de la calle de la Feria o de San Fernando. Una y otra parte se comunicaban por angostos accesos. En la mencionada calle podremos pasar a través de una de ellas, que tiene de nombre El Portillo.
Son muy interesantes las murallas de Córdoba que se encuentran al sur, reflejando la serena belleza de sus piedras en las aguas del Guadalquivir, que discurre ante ellas. Desde sus torres, de fácil acceso, el visitante puede contemplar la secular estampa del famoso puente romano, que en su tiempo formó parte de la gran vía Augusta, y los viejos molinos del río, entre los que destaca el denominado de la Albolafia, situado junto al murallón ribereño como macizo soporte de la formidable noria que recogía el agua para el riego de los jardines del Alcázar.
Las murallas desaparecen entre las construcciones del barrio del Alcázar Viejo; pero vuelven a salir a la luz, en el arranque del Campo Santo de los Mártires, para ofrecernos una atrayente contemplación de piedra, vegetación y agua en increíble armonización arquitectónica, en el lugar llamado Calle de la Muralla.
La mayor parte de las puertas de las murallas fueron destruídas con el paso de los siglos y de ellas sólo quedan los nombres; pero todavía podemos admirar la denominada Puerta de Sevilla, con dos arcos iguales, cuya primitiva construcción se remonta al siglo X; la de Almodóvar, adintelada con arco de herradura, enmarcada entre dos soberbios torreones, y la Puerta del Puente, realizada por Hernán Ruiz en 1571, plenamente renacentista, mostrando sus estríadas columnas dóricas y construída sobre el emplazamiento que antes tuvo una antigua puerta romana, a la que los árabes llamaron Puerta de la Figura, por la que tenía tallada sobre su arco.
Noria de la Albolafia
Cerca del puente Romano, aguas abajo, están las antiguas aceñas o molinos harineros. Los más interesantes son los llamados de Enmedio y de Kulaib, más conocido, este último, por La Albolafia. El de Kulaib o Albolafia tiene en la actualidad una naura o noria, y que muchos cordobeses hemos visto funcionando simbolicamente. La original se desmontó por orden de Isabel la Católica, que viviendo en el próximo alcázar no podía soportar el ruido que producía el artilugio y ordenó desmontarla. Aquella siqalla o rueda hidráulica la mandó construir Abd al Rahmán II en el molino de Kulaib, para elevar el agua del río y conducirla por un ingenioso acueducto hasta el asr al-Umara (Palacio de los Emires, en la actualidad Palacio Episcopal).
Palacio de Congresos
El edificio, situado frente a la Mezquita Catedral, colindante con el Palacio Episcopal próximo al monumento de San Rafael, el Arco del Triunfo y Puente Romano, se enclava en un entorno artístico que puede ser considerado como uno de los más relevantes de nuestro país.
El edificio del Palacio de Congresos y Exposiciones incluye lo que fue Hospital Mayor de San Sebastián, construido entre 1512 y 1516 y que fue durante muchos años, el más importante de los treinta centros sanitarios que existían en Córdoba. Su fundación como institución fue, sin embargo, anterior a esta fecha remontándose al año 1363 cuando se creó la Hermandad de San Sebastián con el fin de combatir la epidemia de cólera que azotó la ciudad y que, según Ramírez de Arellano, fue una de la más grandes que se han conocido.
Durante más de 200 años el Hospital de San Sebastián continuó siendo el primer centro sanitario de la ciudad.
A lo largo del último siglo, el establecimiento conoció destinos diferentes: destacando su uso como centro de convalecencias y hospital de sangre durante la guerra napoleónica. Es en 1850 cuando pasó a ser propiedad de la Diputación Provincial, convirtiéndose entonces en casa de maternidad y expósitos (hasta entrados los años cincuenta había en la fachada una ventana con torno para abandonar a los recién nacidos). En 1961, termina su vida como centro asistencial, permaneciendo cerrado hasta que en 1980 se decide su nuevo destino adaptándolo a Palacio de Congresos y Exposiciones.
El edificio sufrió a lo largo de su dilatada vida frecuentes reformas. El núcleo principal del edificio lo constituye el claustro y las edificaciones que lo colindaban. Desde el punto de vista arquitectónico, las dos piezas fundamentales son el mencionado claustro, ejemplo singular de arquitectura mudéjar y la Iglesia de una sola nave. Parte integrante de ésta la constituye la magnífica portada de estilo goticoflamígero muy rica en decoración plateresca, obra del maestro Hernán Ruiz I, fundador de una larga dinastía de arquitectos.
Las principales ampliaciones del edificio tuvieron lugar a lo largo de los siglos XIX y principios del XX. El Palacio de Congresos incluye el edificio original y parte de las ampliaciones, ocupando un solar de aprox. 3.460 m2. La investigación documental llevada a cabo en el archivo catedralicio ha permitido su restauración, rescatando así uno de los más bellos ejemplares de arquitectura mudéjar de nuestra ciudad.
Palacio de la Merce
Tras recorrer la calle Reyes Católicos, se llega al Campo de la Merced, también denominada, plaza de Colón; una gran plaza con jardín central y fuente de traza modernista. Es la fuente más monumental de Córdoba. Tiene dos valvas superpuestas y fue construida aproximadamente en los años veinte, según diseño realizado por el arquitecto Sáez de Santamaría.
En esta plaza se encontraba el antiguo convento de los Mercedarios, fundado por San Fernando, en presencia de San Pedro Nolasco. Los primeros religiosos vinieron de Barcelona. Se reconstruyó en su integridad en el año 1757 y fue destinado a hospicio en 1835.
La Diputación Provincial es el más acabado exponente del barroco en la ciudad. En ella destaca su fachada, pintada tras la última restauración realizada en los años sesenta, de gran extensión y decorada profusamente en estilo barroco; la escalera principal; varios patios, sobresaliendo el principal, de mármol, con una fuente central, amplias arcadas y excelentes balcones que con la escalera, forman un expresivo conjunto; y, sobre todo, el magnífico ejemplo de arquitectura barroca que es la iglesia, con placas de yesería y con el mejor retablo cordobés, realizado por Gómez de Sandoval, hoy restaurado, pues en 1978 fue devorado por el fuego.
La portada que preside la iglesia, fechada en 1745, es majestuosa, el paramento está rematado por una doble espadaña.
Palacio de Viana de Córdoba
El Palacio Museo de Viana se trata de una mansión señorial que, a lo largo de los años, se fue ampliando con viviendas colindantes y ocupa en la actualidad una extensión de algo más de 6.500 m2, de los cuales sensiblemente la mitad corresponden a espacios abiertos (jardín y patios). Los hallazgos arqueológicos de las proximidades del jardín, así como las filtraciones de su suelo, nos mueven a pensar que el inmueble partió de la infraestructura de una ínsula romana. En el se puede apreciar la evolución de la arquitectura cordobesa desde el siglo XIV hasta nuestros días, así como los más diversos tipos de artesanía: pavimentos con mosaicos romanos, carpintería de talla y excelentes artesonados mudéjares y renacentistas. El tono general del edificio es austero y poco ostentoso, aunque posee elementos arquitectónicos de gran empaque, como la escalera que da acceso a la planta alta. En sus muros se guardan obras de arte y colecciones únicas: tapices flamencos, gobelinos y goyescos; óleos de la escuela de Brueghel; las más completas colecciones que se conocen de guadameciles y cordobanes; una galería de cuadros de batallas; una biblioteca de 7.000 volúmenes en la que destacan los libros sobre caza; frescos de León Abadía; colecciones de arcabuces, vajillas de porcelana, artes de carácter textil, etc.
Todo ello se muestra en su marco original, en el que las alfombras, las lámparas, los muebles y los cuadros crean un ambiente verdaderamente fascinante.
Primeras familias de la aristocracia han sido siempre los propietarios de esta palacio; Miguel Ruiz, tesorero mayor de Andalucía y Murcia; el comendador de Segura; siendo la última de ellas los terceros marqueses de Viana, don Fausto Saavedra y Collado.
La Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas, en Real Decreto 1604/1983 de 13 de abril lo declara 'Jardín Artístico' quedando bajo la protección del Estado.
La Caja Provincial de Ahorro de Córdoba lo adquirió en 1980 para abrirlo como museo , evitándose de esta forma las dispersión de su rico patrimonio. A petición de esta entidad ha sido declarado 'Monumento Histórico Artístico Nacional y Jardín Artístico' de carácter Nacional, por Real Decreto en 1981.
Plaza de Capuchinos y Cristo de los Faroles
Por un angosto callejón se llega hasta la plaza de Capuchinos (el convento de los frailes le ha dado el nombre), conocida también como de los Dolores o del Cristo de los Faroles, por el crucificado en piedra de finales del siglo XVIII que ocupa su centro.
Plaza indefinible, encalada, de estremecedora simplicidad, con un silencio palpitante que conmueve al espectador, sobre todo si la visita en una noche clara.
Plaza de la Corredera
La Corredera es una de las plazas más populares de Córdoba, está situada en el centro de la ciudad, a la bajada de la calle Rodríguez Marín o Espartería. Tiene su entrada y salida a través de los arcos alto y bajo.
La Plaza de La Corredera está constituida por un amplísimo rectángulo con galería inferior porticada, corrida por todo su perímetro, salvo en su lado sur donde sólo existe en un tramo muy corto. Los arcos de medio punto sobre pilares, sirven de soporte a tres pisos, de huecos rectangulares y simétricos y prolongados balcones de hierro. En esta plaza se mezclan la piedra, la cal y el ladrillo en una increíble armonía.
Su forma actual es rectangular y su restauración a partir del año 1959 nos la devuelve a su estado primitivo. La monumental plaza de La Corredera es obra de dos alcaldes de Córdoba: Don Francisco Ronquillo Briceño y Don Antonio Cruz Conde. Su transformación en plaza monumental y unitaria fue obra del corregidor Don Francisco Ronquillo Briceño, en el último tercio del siglo XVII, fue entonces cuando adquirió su forma rectangular y su actual arquitectura.
En su estilo es esta plaza única en Andalucía y puede formar trilogía con la plaza mayor de Madrid y de Salamanca, aunque difiera de ellas en carácter y tenga personalidad propia. En 1896 se inauguró en su recinto un mercado cubierto, que fue demolido en 1959 por decisión municipal. Durante las excavaciones realizadas en 1959, para la construcción del actual mercado subterráneo, se hallaron hermosos mosaicos romanos de la época hispanoromana expuestos en el Alcázar de los Reyes Cristianos. Estos descubrimientos, unidos a otros testimonios, han permitido identificar el lugar que ocupa la plaza como la gran entrada principal del anfiteatro de Córdoba.
Fue la Corredera escenario de fiestas y actos públicos de diversa índole: desde corridas de toros a la antigua usanza a ejecuciones. Cuando algún personaje ilustre, Embajador, Príncipe o Rey, visitaba Córdoba era obsequiado con grandes espectáculos. El personaje en cuestión ocupaba un sitial en el gran balcón de la Cárcel Nueva. También se acostumbraba a festejar aquí los sucesos importantes, victorias militares, actos religiosos, etc...
Plaza de las Tendillas
La Plaza de las Tendillas debe su nombre a la multitud de pequeñas tiendas que hubo en otros tiempos.
Desde el siglo pasado, este lugar empezó a ser el centro de la ciudad, pero ha sido a partir de 1927 cuando asumió ese indiscutido rango. Abatido el viejo hotel Suizo y reformadas las calles adyacentes, surgió la actual plaza, de la que surgen las tres principales calles de la ciudad: Cruz Conde, Gondomar y Claudio Marcelo. Edificios modernos construidos dentro del siglo, delimitan la plaza, en el centro, rodeada por una fuente, se alza la estatua ecuestre dedicada por la ciudad a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, obra de Mateo Inurria, que fue trasladada en 1927 desde su primitivo emplazamiento, en la avenida de Gran Capitán, al lugar que hoy ocupa.
Gran parte del recinto actual de la plaza perteneció a la orden militar de los Caballeros de Calatrava, que habían recibido el solar en pago a los servicios prestados a Fernando III en la conquista de Córdoba; a la mitad del terreno que ocupa hoy la calle Jesús y María, edificaron su convento, y de ahí que Las Tendillas se apellidasen antiguamente de Calatrava.
Entre sus curiosidades destaca el reloj, famoso en el mundo entero, por su original y castiza forma de dar las horas, con unos compases flamencos de guitarra por soleares. El edificio más antiguo de la plaza, es el Instituto 'Luis de Góngora', creado en 1847 como Instituto Provincial de Segunda Enseñanza sobre el precedente Colegio de la Asunción, que había sido fundado en 1577. La actual fachada que da a las Tendillas data de 1868.
Posada del Potro
La actual posada, declarada monumento artístico por las autoridades competentes, conserva casi intacto el interior, aunque ha perdido dos o tres habitaciones que fueron englobadas por casas adyacentes. No obstante, el patio y las cuadras, la galería alta, con su barandas, soportes y tejadillo de madera, sus pequeñas habitaciones, se han mantenido casi incólumes en el transcurso de seiscientos años.
Puente Romano
El puente romano de Córdoba fue construído en tiempos del emperador Augusto; pero en el transcurso de sus veinte siglos de existencia ha sido escenario de tantas batallas y revoluciones que, realmente, de la construcción original sólo quedan los sillares y tal vez alguno de sus arcos, ya que por razones militares principalmente, fue alternativamente destruído y reconstruído.
El puente se erigió con dieciséis arcos, soportados por estribos que definen tajamares de medio cilindro coronados por medios conos. Ha sido objeto de múltiples reformas y, en el primer tercio de este siglo, coincidente con una de ellas, parte de su aparejo musulmán -a soga y tizón- , perfectamente identificable, fue cubierto y revestido de cemento, habiéndosele restado parte de su singular belleza arqueológica.
En el año 1651 se colocó hacia la mitad del puente y sobre uno de sus barandales de piedra, una imagen del Arcangel San Rafael, obra del escultor Bernabé Gómez del Río.
Puerta de Almodóvar
Desde la calle Cairuán, muy cerca del Alcázar de los Reyes Cristianos, se accede a la Puerta de Almodóvar, en su mayor parte obra cristiana del siglo XIV. Conocida en la época musulmana como la Bad al-Yawz , es el único acceso que pervive de los nueve edificados por Abd al-Rahman I. Aunque fue restaurada en 1802, se han conservado casi íntegras las almenas y el adarve. Frente a ella se erige la escultura al filósofo y dramaturgo cordobés Séneca
Puerta del Puente
Originariamente formaba parte de las murallas que cercaban la ciudad, conociéndose como puerta en la reconquista bajo el nombre de Puerta de Algeciras, ya que era ruta sureña de entrada a Córdoba. En el siglo XVI, Hernán Ruiz III acomete una importante remodelación a causa de la visita de Felipe II a la ciudad, confiriéndole el monumental aspecto que podemos ver hoy en día. Realizada en tres cuerpos, cierra los dos extremos con columnas estriadas, dejando en el centro el vano adintelado coronado con frontón curvo. A principios del siglo XX se independiza de las construcciones que la flanqueaban y se rebaja el terreno hasta recuperar la altura original.
Actualmente, la Puerta del Puente es un monumento visitable. El público tiene acceso a una Sala de Exposiciones permanente que ilustra su historia a través de una cuidada selección de textos e imágenes y al Mirador situado en la parte superior, desde donde se puede observar una magnífica panorámica de todo el entorno monumental.
Puerta Sevilla
El acceso al popular barrio de San Basilio, famoso por la hermosura de sus jardines, se hace a través de la Puerta de Sevilla, así llamada desde la Edad Media por ser la salida que más directamente conectaba con esta provincia. De reducidas dimensiones, se compone de un único vano adintelado. Lo más notable del conjunto son los dos pequeños arcos gemelos, adosados perpendicularmente al muro que discurre junto a la citada puerta por un lado, y a una torre cuadrada por el otro. Estudios recientes fechan esta construcción en época islámica, siendo su función, bien militar, bien como acueducto.
Delante de los arcos se levanta el monumento erigido a Ibn Hazam en el siglo XX, obra del maestro escultor Ruiz Olmos. El paseo desde la Puerta Sevilla hasta el río, siguiendo la muralla, ha sido recientemente iluminado con el patrocinio del Plan del Excelencia Turística del Ayuntamiento. Esta muralla es obra cristiana del siglo XIV, levantada como defensa del Alcázar de los Reyes Cristianos.
Sinagoga
Hacia la mitad de la calle de los 'Judíos' está la Sinagoga. El templo hebreo cuya estructura apenas puede adivinarse desde el exterior, porque no tiene acceso directo desde la calle: hay que pasar, primero, por un estrecho patio.
La planta de la Sinagoga es cuadrada. EI muro colindante con el patio de entrada está decorado, como el resto del edificio, con yesería de labores mudéjares, y sobre él se abren, en una galería superior, tres pequeños balcones destinados a las mujeres. Estos balcones poseen unos bellos arcos angrelados y están contorneados con un alfiz que contiene inscripciones de los Salmos. Encima de la puerta de entrada existe otra inscripción, cuya traducción es como sigue:
BIENAVENTURADO EL HOMBRE QUE A MI ME OYE PARA CONTINUAR APRENDIENDO SOBRE MIS PUERTAS DE DIA EN DIA, PARA GUARDAR LOS UMBRALES DE MIS ENTRADAS. ABRID LAS PUERTAS, Y ENTRE LA NACION DE LOS JUSTOS, QUE GUARDAN FIDELIDAD. En el muro de la derecha se nos muestra el hueco para el tabernáculo en el que se guardaban los rollos del Pentateuco y ante el que siempre había lámparas encendidas. La decoración de este muro oriental es de yesería, con un tablero central coronado de preciosos arcos, en cuyos espacios se repite la palabra bendición en caracteres cúficos.
Hay una gran inscripción hebraica de un Salmo que recorre todo el marco del tabernáculo y otra, en un rectángulo, a mediana altura que es interesantísima porque se refiere a la construcción de la Sinagoga:
SANTUARIO PEQUEÑO Y MORADA DE LA CONFIRMACION DE LA LEY QUE ACABO CON PERFECCION ISAAC MEJEB, HIJO DEL PODEROSO EFRAIN. FUE EDIFICADO, HIJO DE UNA HORA, EN EL AÑO SETENTA Y CINCO, LEVANTATE, !OH DIOS!, Y ACELERA EL TIEMPO DE REEDIFICAR A JERUSALEN.
El año a que se refiere es el 5075. que corresponde al año cristiano de 1315.
EI muro norte, que da frente a la entrada, está cubierto, asimismo, de labores de ataurique en yesería.
EI occidental muestra un arco ojival con delicados lóbulos, apoyado en una repisa de almedinado que contiene la siguiente inscripción cúfica A JEHOVA, TODO REINO Y PODERIO. La Sinagoga de Córdoba no era la única que hubo en la ciudad; pero si es la única que, con la de Toledo, ha llegado a nuestros días después de muchas vicisitudes.
Tras la expulsión de los judíos, en 1492, se destinó la Sinagoga a hospital de hidrófobos y en 1588 tomó el nombre de San Crispín, patrón de los zapateros, porque en ella celebraba sus juntas la Cofradía del gremio.
Templo Romano de Claudio Marcelo
Junto al Ayuntamiento de Córdoba se encuentra situado el único templo romano del que nos ha llegado evidencia arqueológica. Dedicado al culto imperial, asombra por sus grandes dimensiones. Formó parte del Foro Provincial junto con un circo. Originariamente estaba elevado sobre un podio y contaba con seis columnas exentas de tipo corintio en su entrada. Frente a ésta se levantaba el ara o altar. La reconstrucción, llevada a cabo por el arquitecto Félix Hernández, ha portado a Córdoba una muestra más de la grandiosidad de esta urbe en época romana. Algunas de las piezas originales del templo se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico o en inusuales y bellos rincones de la ciudad, como la columna estriada de la plaza de la Doblas.
Torre de Calahorra
La Calahorra tiene su planta en forma de cruz, de cuyos tres brazos arrancan tres torres con almenas, unidas por cuerpos de la misma altura, situados entre los de las torres cuadragunlares, y sus muros ostentan las armas reales de Castilla.
El edificio se conserva actualmente -con ligerísimas modificaciones- tal como fue alzado y realizado en 1369, por orden del rey Enrique II, sobre una fortificación de los musulmanes. Dicho monarca lo llevó a cabo para refuerzo de la defensa de la ciudad, decidida partidaria suya, en su larga contienda con su hermano, el rey don Pedro el Cruel, cuyos ejércitos y los de sus aliados musulmanes, fueron vencidos por los cordobeses en la batalla del Campo de la Verdad, lugar inmediato a la fortaleza.
Torre de la Malmuerta
En el centro del ángulo noreste de la plaza Colón existe una vieja torre ochavada, totalmente maciza hasta la altura del arco, y a la que, hace muchos años , estuvo adosada la muralla de la ciudad. Esta torre se llama de la Malmuerta.
El interior de la torre nos muestra una sola estancia octogonal, comunicada al exterior por delgadas saeteras, primorosamente labradas de sillares y rematada por una cúpula de media naranja. De dicha estancia parte un estrecho acceso a una segunda escalera, conducente a la plataforma alta, desde la que se divisa un interesantísimo panorama de Córdoba. Debajo del arco hay lápidas con inscripciones notificadoras de que la Torre de la Malmuerta se construyó entre 1406 y 1408, por orden de don Enrique III de Castilla. Fue, por consiguiente, realizada en época de cristianos; pero la gracia exterior que poseen las almenas y el cinturón de lacería labrada donde se apoyan, revelan las exquisiteces del arte mudéjar, lo cual no es extraño, porque fueron obreros moriscos los que trabajaron en la construcción de la hermosa torre.
Nos refiere la leyenda que el nombre de Malmuerta le viene de que un caballero ascendiente de los marqueses Villaseca, mató a su mujer juzgándola culpable de adulterio, sin que éste estuviera probado, y que al darse cuenta de la injusticia que había cometido, arrepentido, suplicó su perdón al rey, siendo condenado a levantar esta torre expiatoria, en recuerdo de la noble dama que, por sucumbir sin culpa, había sido mal muerta.
La tradición popular liga la leyenda de la torre con el histórico asunto de Los Comendadores; que fue la brutal venganza que tomó de su honor conyugal el Veinticuatro de Córdoba, Fernán Alfonso, al matar a su esposa adúltera, así como a sus dos parientes: el comendador de Cabeza del Buey, y el del Moral, ambos caballeros de la Orden de Calatrava.
La poesía del pueblo deformó los hechos al recogerlos, lo que no fue obstáculo para que Antón de Montoro hiciera exposición del tema en unas octavas de arte mayor; pero su divulgación máxima se debió a una canción anónima, compuesta a poco de la tragedia. El jurado de Córdoba, Juan Rufo, recogió el suceso en un largo romance y, finalmente, Lope de Vega, se basó en el poema de Juan Rufo para escribir su gran tragedia Los Comendadores de Córdoba.
Toda esta gloriosa aportación histórica, legendaria y poética, ha quedado enlazada para siempre con la Torre de la Malmuerta.
Triunfos de San Rafael
A la izquierda de la Puerta del Puente se encuentra el triunfo de San Rafael, el más notable de la ciudad. Al transitar por la ciudad podemos observar diferentes triunfos, en el puente romano, en el puente de San Rafael, en la antigua estación de ferrocarril, en Puerta Nueva, en la plaza del Potro. En dichos lugares y en otras plazas cordobesas, figura la estatua de San Rafael encaramado sobre el capitel de una columna votiva. Estas variadas y originales representaciones, que son conocidas con el nombre de triunfos, son conmemorativas de la promesa de salvaguardia ciudadana que los cordobeses, haciéndose eco de una piadosa tradición, atribuyen al benéfico arcángel.
De todos los triunfos existentes, éste que se contempla, situado junto a la puerta del Puente, en el interior de un recinto con verja que también es atalaya sobre el río, resulta el más fastuoso y monumental. Se comenzaron las obras en abril del año 1765, sobre un diseño de los presbíteros Esgrois y Martínez, con posterioridad reformado por el arquitecto francés Michel de Verdiguier, el mismo que realizó los dos púlpitos del crucero de la Mezquita-Catedral. En el pedestal hay un grupesco de palmeras y figuras alegóricas no muy conseguidas. La obra fue concluída en diciembre de 1871 y fue costeada por el cabildo catedralicio.
Yacimiento Arqueológico de Cercadilla
En los terrenos del yacimiento de Cercadilla se localiza un fastuoso palacio construido en los últimos años del siglo III y los primeros años del siglo IV (293-305 d.C.), atribuido al emperador Maximiano.
El complejo palatino alcanza más de 400 m. de longitud por 200 m. de anchura y se articula a través de un gran criptopórtico semicircular (pórtico semicircular) de 108 m. de diámetro y más de 150 m. de recorrido. Este criptopórtico, posee una altura de 4 m y una anchura de 4,5 m. y gracias a su erección fue posible crear una gran terraza artificial en torno a la cual se disponen los edificios que forman este gran complejo palatino.
El palatium estaba presidido por una gran aula basilical, sala de representación imperial, en donde se llevaban a cabo las audiencias. Inmediatamente al Norte de la misma, un pequeño conjunto termal, de carácter eminentemente restringido, permitía al emperador y a sus acompañantes, cuidadosamente elegidos, retirarse a disfrutar de momentos de intimidad.
A ambos lados de la gran aula de representación imperial dos salas de banquetes –triclinia-, con plantas arquitectónicas completamente distintas, permitían la celebración de este tipo de acontecimientos. Otras dos aulas basilicales, de menores dimensiones que la central, servían como salas de audiencia para importantes cargos de la corte imperial o para funcionarios relacionados con la administración en Hispania. Las salas poliabsidadas situadas en los extremos del pórtico semicircular, cerraban el trazado del mismo y servían, al igual que las aulas basilicales menores, de acogida para los funcionarios de la corte.
este del aula poliabsidada Norte, se levantó un edificio de doble cabecera absidada, probablemente un ninfeo. Los apartamentos imperiales son los edificios que cierran todo el conjunto. Están situados en la zona más alejada de las salas públicas y se organizan en estancias de pequeñas dimensiones destinadas a la residencia y descanso del propietario de esta magna obra.
El palacio, levantado sobre una villa suburbana preexistente, constituye un unicum. Es decir, no contamos con otro edificio de las mismas características en todo el territorio ocupado por el Imperio Romano. Constituyó el palacio y sede del emperador Maximiano durante su estancia en Hispania (296-297 d.C.). Durante este período el imperio romano experimentará una importante transformación política: la Tetraquía, protagonizada por Diocleciano y los emperadores correinantes. Una de las primeras actuaciones de los tetrarcas será la de descentralizar las sedes imperiales desde Roma a zonas periféricas. El palacio cordobés constituye, por tanto, el palacio de Maximiano en el extremo occidental de sus dominios y, con él, se materializa en un edificio emblemático, su control efectivo sobre el Occidente romano.
Desde el siglo VI una parte del antiguo palacio será reutilizado como centro de culto cristiano y a su alrededor se concentrará una gran necrópolis cristiana, que seguirá en uso durante la dominación islámica de la ciudad y en la que se enterraron, entre otros, dos obispos, Lampadio y Samsón, de los que hasta el inicio de las excavaciones en Cercadilla no se tenía noticia alguna.
A medida que Qurtuba fue creciendo, la antigua Medina se fue quedando pequeña, por lo que la población, durante el siglo X, se vio obligada a agruparse en barrios a extramuros. Uno de estos barrios se asentó sobre los restos del antiguo palacio romano, del centro de culto cristiano y de la necrópolis. El arrabal se organizó a partir de un urbanismo ortogonal, con calles perpendiculares, plazas y adarves. Hacia estos espacios públicos se abrían las viviendas (11) y los edificios públicos, de los que hasta el momento se conocen una mezquita (10) y un zoco.
Todas las casas, desde las más humildes hasta las más importantes, se articulaban a partir de un patio, generalmente centrado, al que se abrían distintas estancias, como salones, alcobas, letrinas, almacenes, despensas, etc. El barrio será abandonado durante el siglo XI, con motivo de la guerra civil cordobesa.
Ya en el siglo XII se construirá una alquería, vinculada a la producción de aceite y con un horno que, posiblemente, estuvo destinado a la fabricación cerámica. A partir de este momento no se vuelve a tener constancia de ocupación de esta zona que pasará a ser utilizada como huerta.