Logo de Traveliere
 
 

Estás en

Sos del rey Católico

Selecciona el pueblo o la ciudad que desees.

Recuerda, Puedes mandarnos información al e-mail fotos@traveliere.es

Inicio > Zaragoza

Ayuntamiento. En la Alta Edad Media las reuniones de los concejos de las ciudades y de las villas europeas se realizaban en las iglesias, muchas veces en los portales de éstas. Pero ya en la Baja Edad Media los poderes municipales alcanzaron su madurez, y comenzaron a construir edificios propios, con lo que las autoridades civiles obtenían una autonomía respecto al poder religioso.

AyuntamientoEl ayuntamiento de la villa de Sos es un palacio renacentista de finales del siglo XVI, con una planta baja en la que habría dependencias para las caballerías y donde también se dispondría el espacio para la cárcel local. Los tres pisos superiores tendrían funciones administrativas y también una sala para que se reuniesen el Justicia y los jurados de Sos. La fachada muestra la distribución en cuatro pisos, siendo el último una serie de ventanas en arcos de medio punto, cerrando finalmente el edificio el típico alero aragonés. En el zaguán de entrada se hallan dos grandes columnas que sustentan tres arcos, apreciándose en el pilar adosado al muro a mano izquierda diversos grabados en la piedra; cruces, dos puñales con el filo hacia arriba (que podría ser un Cristo crucificado), una pareja con el texto “Savino XXX”, y lo que podría ser la imagen de una virgen.

En la fachada, sobre la puerta de medio punto, se yergue el escudo de la villa, que al parecer, hasta el siglo XVI estaba compuesto tan sólo por el castillo almenado, seguramente recordando la importancia que el castillo tuvo en el nacimiento de la localidad. En el siglo XVI el escudo se dividió en dos cuarteles; en el de la izquierda se añadieron las barras de Aragón, plasmándose heráldicamente que la villa era de realengo, esto es, que dependía directamente del rey de Aragón; en el de la derecha se mantuvo el castillo almenado. La última modificación del escudo tiene relación con la Guerra de Sucesión que a comienzos del siglo XVIII se produjo en la Península Ibérica, entre los seguidores de Felipe de Anjou y los partidarios del archiduque Carlos de Austria. Finalmente fueron los Borbones los que se impusieron a los Austrias, y como Sos estuvo del lado de los triunfadores, Felipe V le concedió el año 1709 el título de “Muy leal y vencedora villa”, permitiendo que se añadiese al escudo, en el cuartel superior derecho, las columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra” y la flor de lis, la enseña de la Casa de Borbón.

Castillo: Sos fue construido en el siglo XI como plaza fuerte frente al Islam, siendo el castillo lo primero que se realizó, en un lugar estratégico, sobre la Peña Feliciana, lo cual permite un amplio radio de observación. Fue la monarquía navarra quien lo mandó hacer, debido a que entonces Sos estaba bajo su área de influencia; según algunos con Sancho Garcés I ya existiría un castillo en Sos; según otros autores, hay que retrasar la fecha de construcción al año 970 por el monarca navarro Sancho Garcés II.

Sea como fuere, hasta inicios del siglo XII, Sos estuvo marcado por su carácter eminentemente defensivo y militar, cuyo elemento más claro era el castillo. Así la documentación denomina a Sos en los siglos X y XI como “castrum”, mientras que es sólo a partir del XII cuando lo hace como “villam”; es decir, en sus primeros siglos de vida, Sos fue el castillo y poco más, al que luego se añadiría la iglesia de San Esteban, teniendo muy poca población hasta esos comienzos del siglo XII en el que ya merece la denominación de villa. Pese a ello, el castillo siguió dominando, como se aprecia en el urbanismo, ya que las casas crecieron alrededor del castillo, adaptándose al terreno.

Aunque originariamente el castillo se construyó en el siglo X, posteriormente sufrió reformas y mejoras, como las de Sancho el Mayor, Alfonso el Batallador, o la de Ramiro II el Monje, en el año 1137, por el maestro Jordán, precisamente cuando los reinos de Navarra y de Aragón se acababan de separar de forma definitiva. Esto es, si en los siglo X y XI Sos había sido una plaza fronteriza y estratégica frente al Islam, a partir de la primera mitad del siglo XII lo fue frente al vecino reino de Navarra.

Lo que ha quedado del castillo es una pequeña torre de vigía en la esquina noroeste de lo que debió ser el reducto amurallado, siendo circular, teniendo varias plantas como atestiguan las saeteras que han quedado. También se ha conservado la torre del homenaje, de planta cuadrada y con dos puertas, orientadas al norte y al sur, y que se convertía en la última defensa de la villa en casos de necesidad.

Colegio Isidoro Gil de Jaz: El colegio es un edificio realizado en sillería, con una planta baja más tres alturas, destacando que el último piso está compuesto por una hilada de nueve arcos de medio punto. Posee varias entradas, siendo reseñable que en la calle Gil de Jaz hay una entrada lateral con un arco de medio punto sobre el que hay una portada adintelada. En la fachada se encuentra un escudo dividido en cuatro cuarteles; el primero está a su vez dividido en cuatro cuarteles, mostrándose en el primero y en el cuarto un águila con las alas extendidas, y en el segundo y el tercero un castillo. En el segundo cuartel se representa un arco de medio punto que descansa sobre cuatro pilares. En el tercero se halla una cruz a cuya derecha hay dos flores de lis, y a cuya izquierda hay dos barras verticales. En el cuarto aparece una figura de animal en perfil, posiblemente de un lobo. En la fachada que da a la calle Pérez de Biel hay una puerta en arco de medio punto cuyo clave está tallado con dos figuras; la inferior es de tres cuartos, está mirando a lo alto y lleva un objeto, tal vez un libro, en la mano. La figura superior está de pie, con una hoja en su mano derecha, y lleva arriba la leyenda San Esteban.

El colegio fue mandado construir por don Isidoro Gil de Jaz en la segunda mitad del siglo XVIII. Este ilustre personaje de Sos fue un alto cargo de la monarquía bajo los reinados de Fernando VI y de Carlos III, ocupando puestos de altísima responsabilidad, como Oidor del Consejo del Reino en Navarra, Regente de la Audiencia del Principado de Asturias y finalmente miembro del Consejo de Castilla. No sólo destacó don Isidoro por su carrera política, sino que fue un auténtico erudito, escribiendo obras como la voluminosa “La nobleza navarra”. Ese espíritu de la época ilustrada, que buscaba realizar las reformas que necesitaba la sociedad, dando un impulso a la educación, fue la que le impulsó a financiar la construcción de un colegio en el pueblo donde aprendió las primeras letras, comenzando las obras el año 1759, y finalizándose en el 1793. Desde entonces fueron los Padres Escolapios quienes instruyeron a multitud de generaciones de sosienses y de habitantes de los pueblos cercanos.

Ermita de Santa Lucia: Fuera del recinto amurallado de la villa se encuentra la ermita de Santa Lucìa, que en la Edad Media estaba consagrada a San Miguel Arcángel, uno de los santos guerreros por antonomasia de este período histórico. Arquitectónicamente la ermita pertenece al estilo románico tardío, al tipo de iglesia basilical, de una nave abovedada, sin crucero y con ábside de planta semicircular. La cubierta de la nave se dividió en tres tramos de cañón apuntado mediante arcos fajones, siendo lo más destacable que las columnas encargadas de recibir el peso de la bóveda a través de los arcos fajones no arrancan del suelo, sino de unas ménsulas a mitad de altura; las ménsulas del lado del Evangelio muestran unas cabezas humanas, de hombre y de mujer, mientras que las de las Epístola representan a unos monstruos, con lo que tal vez se haya querido hacer una contraposición entre el Bien y el Mal de forma alegórica. En cuanto a los capiteles del interior hay que anotar que son todos de un tipo de vegetal estilizado. En cuanto a la puerta principal de acceso hay que decir que se abre en el centro del muro occidental, siendo gótica, sin tímpano, a base de cuatro arquivoltas apuntadas que se apoyan en sendas columnas muy esbeltas con capitel vegetal. Hay una segunda puerta sin moldurar en el muro meridional a través del cual se accedía al cementerio en el que podían enterrarse los miembros de la cofradía medieval con advocación a San Miguel que existió en Sos.

En cuanto a las pinturas murales de la ermita de Santa Lucía, en la parte central de la capilla hay una representación de la leyenda del Arcángel San Miguel, quien según la tradición participó en una batalla ayudando a los sipontinos y beneventinos frente a los paganos napolitanos. La escena muestra dos grupos de doce caballeros cada uno enfrentados entre sí, teniendo los del lado del Evangelio unas enseñas consistentes en una cruz de plata sobre campo de gules, lo que cabe identificar con los emblemas de los caballeros franceses que iban a la Cruzada; en cambio el grupo de caballeros de la Epístola no llevan la cruz, con lo que se pueden asociar con los guerreros a los que ayudó a derrotar el Arcángel. Y es que en el extremo izquierdo del conjunto se observa a un obispo vuelto de rodillas hacia el centro del ábside, orando con las manos juntos, mirando a un pequeño ángel que desciende de lo alto señalándole, representando el momento en el que San Miguel se muestra al obispo y le dice el momento en que los caballeros de la cruz deben atacar para alcanzar la victoria. Las pinturas de los caballeros se relacionan con las miniaturas francesas de finales del siglo XIII y comienzos del XIV, no debiendo obviarse que Sos dependió eclesiásticamente del obispado de Pamplona hasta el siglo XVIII, y que en la Baja Edad Media, el reino de Navarra estuvo bajo dominio francés en algunos momentos, con lo que las influencias artísticas son fácilmente explicables.

En los intradoses de las ventanas y en la bóveda hay pinturas cuyo tema es el Juicio Final. En el intradós de la ventana central aparecen dos figuras de adolescentes tocando sendos instrumentos de música, evocando la trompeta del Juicio Final. En la ventana abierta en el lado del Evangelio aparece un anciano con un libro en la mano, siendo el profeta Daniel, el primero que escribió sobre el Arcángel Miguel. En el lado de la Epístola se muestra a un ángel de carácter juvenil, Gabriel, quien fue el mensajero celeste ante el profeta Daniel.

En la parte del muro restante entre la terminación de las ventanas abisidiales y el inicio de la bóveda quedan tres zonas en forma de arco de medio punto con vestigios de decoración. En la zona central sólo se ven las extremidades inferiores de un animal carnívoro, tal vez mostrando el peso de las almas por el Arcángel Miguel. En el lado derecho se representa la Segunda aparición del Hijo del Hombre, apareciendo Cristo entronizado y coronado como rey, con un ángel de pie que lleva en las manos un flagelo y una columna; en el extremo derecho del trono aparece la Virgen María de rodillas, debiendo estar en el lado opuesto, hoy totalmente deteriorado, San Juan Evangelista, como intercesores de los hombres ante Cristo el día del Juicio Final.

En los muros extremos de la capilla mayor, en los dos espacios situados entre las ventanas laterales y el arco de ingreso a la boca del ábside hubo también pintura, hoy prácticamente borrada. En el lado del Evangelio se distingue una grácil silueta femenina en pie, vestida con túnica larga, pudiendo ser la Virgen María en una escena de la Anunciación. En el lado de la Epístola se hizo el programa iconográfico de una Epifanía o Adoración de los Reyes Magos, habiendo quedado la figura de la Virgen María con el niño Jesús en el brazo izquierdo en actitud de mostrarlo a los visitantes.

Las pinturas descritas pertenecen al estilo lineal de la tradición gótica europea, conservando todavía algunos resabios románicos, como los elementos de compartimentación espacial y la escenografía, más simbólica que narrativa por la ausencia de paisaje. Se utilizó la técnica del fresco, habiéndose realizado los contornos de las figuras en negro para rellenar después las superficies con los colores negro, ocre, blanco, rojo y azul. La datación de las pinturas es de las primeras décadas del siglo XIV, en pleno triunfo de la inspiración gótica.

Iglesia de San Esteban: Según la documentación histórica, la iglesia de San Esteban comenzó a construirse gracias a los donativos de doña Estefanía, reina de Navarra y viuda del rey García de Nájera, a partir del año 1055. Otra fecha a recordar es la del año 1094, puesto que fue entonces cuando el rey de Castilla, Alfonso VI, expulsó de sus reinos al obispo de Compostela, don Diego Peláez, el cual fue acogido por el rey de Aragón. Junto al prelado compostelano llegó a tierras navarras y aragonesas el maestro Esteban, quien había participado en las obras de la catedral de Santiago, por lo que la influencia de temas jacobeos en la iglesia de San Esteban, al participar en su obra, parece fuera de toda duda. Por último hay que mencionar que en el año 1137 el castillo se refortificó con el maestro Jordán, quien posiblemente también contribuiría en la edificación de parte de la iglesia de la villa.

Iglesia de San EstebanCLAUSTRO. Originario del siglo XI, esta galería de piedra servía para comunicar la cripta con la iglesia superior. El aparejo utilizado es de piedra cortada en grandes y regulares sillares, ajustados en gruesos muros y bóvedas de arista, estando delimitados los tramos por arcos fajones de medio punto, que descansan sobre pilastras o columnas adosadas.

Originariamente había cinco tramos, pero en el siglo XVI fueron aumentados a siete. El claustro era un típico lugar de enterramiento, como muestran las veintidós cruces funerarias que se conservan, destacando sobre manera la que tiene la inscripción “Stephania”, puesto que algunos la han relacionado con el hecho de que la reina de Navarra sufragase la construcción de la iglesia.

PORTADA. Debajo de un pórtico renacentista que se construyó en el siglo XVI, se encuentra la portada de la iglesia de San Esteban, construida en el siglo XII, siendo un ejemplo magnífico del arte románico. En el tímpano aparece la representación de Cristo en Majestad, inscrito en una mandorla, con las rodillas separadas, bendiciendo con su mano derecha y con el Libro Sagrado en la izquierda. En los laterales se disponen las representaciones de los cuatro evangelistas en el Tetramorfos (Mateo es representado en el Medievo como un ángel o adolescente alado; Marcos como un león alado; Juan con un águila; y Lucas con un toro alado), a los que acompañan dos ángeles y dos personajes en oración.

En las arquivoltas hay un claro ejemplo de “horror vacui”, teniendo las dos interiores una temática difícil de apreciar por el mal estado de conservación, aunque estudiosos aseguran que hay una escena de guerreros y un caballero rodeado de ángeles, siendo el tema de Santiago socorriendo a las tropas cristianas con la ayuda de los ángeles. La arquivolta exterior muestra motivos vegetales y animales, siendo un compendio de la Creación de Dios.

Finalmente, en las jambas, se dispusieron una serie de estatuas-columnas muy interesantes. A nuestra izquierda aparece la representación de San Juan Evangelista, con un hermoso libro en su pecho y la inscripción “IES EVANGEL”. El siguiente personaje es un obispo, como muestra el que lleve la mitra y un báculo con amplia voluta, no debiendo olvidarse que el infante don García, hermano del rey aragonés Sancho Ramírez, fue obispo de Pamplona, incorporando las tierras de la Valdonsella a la diócesis de Jaca, y que sus restos mortales fueron trasladados precisamente a la iglesia de San Esteban. Cierra el conjunto un hombre con una parrilla, que podría ser tanto San Vicente como San Lorenzo, ya que los dos fueron martirizados de igual manera, aunque algunos autores se inclinan por San Vicente ya que su culto estaba más extendido en Navarra, con quien Sos mantenía estrechas relaciones en esta época. En cuanto a las jambas de nuestra derecha la primera escultura es la del Rey David, identificado por el instrumento de cuerda que porta y por la inscripción “REX DAVID”. La siguiente figura muestra a una reina, en quien estudiosos han leído también la inscripción “ESTEFANÍA”, cerrando el conjunto la representación del monje Pelayo, con barba y traje corto, con la inscripción “PELAUS”; el monje Pelayo fue según la tradición quien descubrió la tumba del apóstol Santiago en Compostela, con lo que su escultura en la iglesia de San Esteban mostraría tanto la vocación jacobea de la localidad, como la influencia de los exiliados compostelanos por el rey castellano Alfonso VI.

Iglesia de San Martin de Tours: La iglesia de San Martín de Tours, que con el tiempo fue anexionada por el Palacio de los Sada, y convertida en una capilla particular de esta importante familia infanzona, posee una planta que corresponde al modelo propagado a finales del siglo XIII desde Cataluña, con una sola nave, rectangular, cubierta con techumbre de madera que se apoya en arcos agudos de piedra sobre impostas lisas. La cabecera de la capilla es rectangular y similar por sus dimensiones al resto de tramos de la iglesia. El tramo de los pies está reforzado con una esbelta columna sobre plinto, cuyo capitel recibe el peso del arco a la altura de la clave, debiendo haberse añadido este apoyo suplementario en el siglo XVI.

En la pared del testero han quedado restos de la decoración pintada que tuvo la iglesia, aunque en muchos casos sólo ha quedado el dibujo al haberse perdido la policromía. En el espacio central se representa el tema de San Martín como obispo electo por la iglesia de Tours, en las que aparece San Martín como obispo, con capa y báculo, bendiciendo, acompañado por dos personajes que le muestran un libro abierto, y por dos jóvenes que llevan unos candelabros, estando a los pies de San Martín una pareja de donantes arrodillados.

En el lado izquierdo la escena que aparece es la Misa de San Martín, un tema pictórico con gran predicamento en el Medievo, en la que se aprecia al santo diciendo misa, acompañado por un personaje que porta una vela en la mano, descendiendo sobre el oficiante un ángel que coloca unos puños bordados en las mangas de San Martín.

En la parte derecha se encontraría otra imagen que narraría un episodio asociado a la vida de San Martín, observándose a dos medias figuras vueltas hacia San Martín con las manos alzadas en actitud de súplica.

Por último hay que mencionar que en la parte central, debajo de tres arcos de medio punto, en los que hay tres figuras, dos monjes y una mujer, que miran hacia lo que se representa como un edificio, en el que se distingue una larga escalera de mano y restos pictóricos de alguna figuras. Muy posiblemente aquí se hiciese mención a la leyenda sobre San Martín, según la cual el diablo le hizo bajar de una escalera sobre la que había puesto piedras para que tropezara. Después el santo fue curado por un ángel que le aplicó un ungüento milagroso traído por la Virgen María.

Las pinturas de la iglesia de San Martín de Tours serían datables en la primera mitad del siglo XIV, perteneciendo al estilo francogótico, aunque con una realización algo tosca, siendo la versión rural de este estilo pictórico que encontró un gran auge en la ciudad de Pamplona, de cuyo obispo dependía la villa de Sos.

Lonja Medieval: Es un soportal formado por cuatro arcos apuntados, destacando un aljibe en el conjunto. También hay una serie de hendiduras para colocar las vasijas que contenían el aceite y el vino. Así mismo hay unos pozos con función refrigeradora. En las lonjas se vendían los productos en las ciudades y villas medievales al por mayor, al contrario de los mercados, en los que se vendía directamente al consumidor. Aunque no hay constancia de la fecha de su construcción, hay que señalar que en las principales ciudades de la Corona de Aragón, las lonjas se implantaron en la Baja Edad Media, sobre todo en el siglo XV, con lo que la lonja de Sos se puede ubicar cronológicamente en el tránsito del Medievo a la Edad Moderna, siendo un ejemplo de edificio renacentista.

Mercado: En la plaza de la villa se celebraba el mercado medieval de venta directa al consumidor. En uno de los extremos hay un porche conformado por una serie de arcos, alternándose los de medio punto con los ojivales. En una de las bases, entre dos arcos, hay un hueco donde el oficial de mercado o almutazaf colocaba la “romana”, una balanza para pesar los productos y de esta manera evitar posibles fraudes de los comerciantes a los consumidores. Junto al hueco se encuentra una incisión vertical sobre la piedra, siendo la vara jaquesa, que de igual modo servía para que todos se ajustasen a unas medidas estándar para facilitar los intercambios comerciales.

Palacio de Sada: Se halla situado en el promontorio occidental sobre el que se asienta la villa de Sos, y por su tipología es un palacio fortificado, propio de la arquitectura militar del siglo XV, suponiendo una transición al palacio renacentista. El edificio se construyó con muro de sillería, contando con elementos defensivos, como las almenas de la parte superior y pequeños remates en las esquinas recordando torreones. La puerta de entrada es un arco de medio punto, y a su derecha se encuentra una gran ventana con otro arco de medio punto en cuya clave se halla un pequeño escudo con las barras de Aragón, y sobre él, en un pequeño rombo, se lee IHS; sobre dicho rombo, a los lados, se encuentran dos pequeñas estrellas de ocho puntas. La puerta se abrió tal vez para recordar la puerta que fue abierta en el pasado para bautizar a Fernando el Católico.

Encima de la puerta principal del palacio se halla el escudo de los Sada, compuesto por una luna ranversada (esto es, con los cuernos hacia abajo, interpretando algunos estudiosos esto como una derrota del Islam a manos de los cristianos, entre ellos los Sada que participaron en la Reconquista), rodeada por una tira ajedrezada. Bajo la luna se encuentra un pequeño ajedrezado de dos filas, en los que algunos han querido ver la consideración de la guerra como un juego.

En cuanto a la familia Sada se sabe que llegaron a la Península Ibérica procedentes de la Provenza, siendo su fundador un tal Fortunio quien adoptaría el apellido Sada al conquistar el castillo de Sada a los musulmanes. Ennoblecidos pues por sus éxitos militares en la Reconquista posteriormente se asentarían en la villa de Sos, conformando en el siglo XV una de las familias de infanzones de la localidad. El haber alojado a la reina Juana Enríquez durante el nacimiento de Fernando el Católico supuso que posteriormente la familia Sada obtuviese muchas prerrogativas por parte de la Corona, obteniendo en el siglo XVII el título de Marqueses de Campo Real. También los Sada recordaron siempre este acontecimiento, al llamar siempre a su primogénito “Fernando” en recuerdo al monarca aragonés.

El Palacio Español del Niño: Es un palacio nobiliario de la segunda mitad del siglo XVI, que sirvió de modelo al arquitecto que construyó poco después el Ayuntamiento. La fachada está realizada en sillería, con una puerta de entrada en medio punto, en la que se ven dos fechas; 1587 y 1855. Sobre la puerta se aprecia un escudo compuesto por un espacio ovalado central en el que hay siete flores de lis. Alrededor de este espacio, en las cuatro esquinas, hay sendas águilas con las alas semiextendidas. En cuanto al resto de la fachada hay que mencionar que el edificio tiene una planta baja más dos alturas, la primera balconada y la segunda compuesta por una hilera de veinticuatro arcos de medio punto, que remata y corona un elegante alero de madera.

El edificio fue comprado a comienzos del siglo XIX por doña Manuela Pérez de Biel, quien lo donó en el año 1840 a las hijas de la Caridad de San Vicente de Paul para convertirlo en escuela femenina.

Portal de Poniente o del Mudo: El Portal del Mudo toma su nombre de una leyenda inserta en la Guerra de la Independencia, en la cual Sos sufrió el sitio y posterior ocupación de los franceses. Según la leyenda, cuando los franceses sitiaban la villa, uno de los vecinos salió del recinto urbano para cortejar a su novia, y cuando volvió fue preso; los soldados de Napoleón le torturaron para que desvelase informaciones que les pudiesen ser de utilidad, y el sosiense, siendo consciente de que no podría soportar durante mucho más tiempo las torturas, se arrancó con los dientes la lengua para no traicionar a su pueblo. Conmovido por dicha muestra de valor, el general francés lo dejó ir; cuando el muchacho entraba en el pueblo, se desplomó y murió ante sus asombrados vecinos, que desde entonces llamaron al portal donde murió el joven como Portal del Mudo para honrar su heroica acción.

Portal de la Reina: también conocido como Portal de Maya. Es una clásica torre-puerta almenada, apreciándose hoy en día los rebajes en el muro en el que se apoyarían las maderas que conformarían los distintos pisos, desde los que se accedían a las saeteras. Tiene dos entradas con arcos de medio punto, y según la tradición por este portal entró la reina doña Juana Enríquez, procedente de la turbulenta Navarra, enfrascada en una guerra civil entre Juan II y su hijo el príncipe de Viana, para dar a luz en la villa aragonesa de Sos a su hijo, el futuro Fernando el Católico. En un lateral del portal se halla la siguiente inscripción; “Merde pour les volantiers de Mina”, la cual fue realizada por las tropas napoleónicas, hastiadas de los frecuentes ataques de los guerrilleros del navarro Espoz y Mina.

Santuario de Valentuñana: A media legua del recinto urbano de Sos se encuentra el convento de Valentuñana. La tradición asegura que la Virgen se apareció allí, en el tronco de una encina, dejando como testimonio una fuente, que brota al pie del árbol, por lo que se la conoció como “Fuente de la Virgen”. Desde entonces se instaló en el lugar una ermita, habiendo constancia de su existencia desde el año 1254, siendo la imagen de la Virgen que se conserva del siglo XIII. En el año 1543 se decidió por parte de la población construir una ermita mayor, para ensalzar a la Virgen de Valentuñana.

Valentuñana tuvo una cofradía para fomentar el culto de la Virgen, muy vivo en los siglos bajomedievales. El año 1672, doña Antonia Felipa Guerrero y Álava, fervienta devota de Santa María de Valentuñana, dejó sus bienes para fundar un Convento de Carmelitas Descalzos en la ermita. El 5 de septiembre del año 1677 llegaron los primeros carmelitas a Sos, aunque hasta el 1718 no se trasladaron al nuevo convento; pese a ello, las obras arquitectónicas continuaron hasta el año 1732.

El comienzo del siglo XIX fue traumático para la comunidad, puesto que ante la invasión francesa, tuvieron que huir a una casa de campo. Pero la situación empeoró cuando José Bonaparte, como rey de España, decretó la total supresión del estado religioso de varones, siendo maltratado el convento en su fábrica, despojado de sus muebles y de objetos de culto por las tropas invasoras. Cuando los soldados de Napoleón abandonaron la villa de Sos, los Carmelitas pudieron volver al convento, aunque compartiéndolo con los voluntarios de Espoz y Mina, que instalaron allí un hospital.

Pero la definitiva derrota de las tropas francesas en el conflicto bélico de la Guerra de la Independencia no trajo la paz esperada al convento, sino todo lo contrario, sobre todo a raíz de la Desamortización de Mendizábal del año 1836, por la que los Carmelitas fueron obligados a abandonar la villa de Sos y el Convento de Valentuñana, para no volver nunca más. No fue hasta mucho después, el día del 3 de enero del año 1906, cuando volvió al convento, para cuidarlo y atenderlo con mimo, una nueva orden, la de los Padres Agustinos Recoletos de la Provincia de la Candelaria, retomándose de este modo la antigua labor realizada por los Carmelitas, tarea que ha continuado hasta nuestros días.

 

 
Follow traveliere on Twitter