Auditorio de San Francisco
El Monasterio de San Francisco se construyó en el siglo XIII. En el XV la familia de los Dávila levantaron una nueva capilla mayor y a finales de esa misma centuria el obispo de Plasencia, Rodrigo Dávila Valderrábano edificó una capilla octogonal adosada a la cabecera, dedicada a San Antonio. Su bóveda estrellada es de las más ricas de la ciudad, obra posiblemente de Juan Guas. Las obras en el monasterio se prolongarán durante todo el XVI. Actualmente se ha remodelado para convertirlo en el Auditorio Municipal de San Francisco, donde tienen lugar numerosos eventos culturales de todo tipo.
Basílica de San Vicente
La basílica de San Vicente se levanta en el lugar donde la tradición señala fueron martirizados Vicente, Sabina y Cristeta. Su construcción se inicia hacia 1130 y se prolonga hasta fines del XII. La basílica de San Vicente es el gran modelo del románico en Ávila, receptor de las influencias foráneas y de la fábrica de la catedral, es al mismo tiempo difusor del estilo en la ciudad. Su planta es de cruz latina con tres naves y un brazo de crucero, presenta la singularidad de contar con una tribuna sobre las naves laterales.
Su esbelta cabecera formada por tres ábsides, se levanta sobre una cripta funeraria de carácter litúrgico; sus cuidadas proporciones convierten a este templo en un ejemplo único del románico hispano. El cerramiento de la nave mayor con bóvedas de aristones anuncia el gótico.
Los capiteles historiados de la capilla mayor, el cenotafio de los santos, en el que se relata la detención, condena y martirio de los santos Vicente, Cristeta y Sabina, la portada occidental y la cornisa meridional, constituyen lo mejor de la escultura románica del templo y de la ciudad.
En San Vicente son especialmente interesantes las restauraciones, no en vano es el primer edificio español restaurado de acuerdo a criterios restauradores, donde Hernández Callejo, Vicente Miranda y sobre todo Repullés y Vargas intervinieron desde mediados del XIX hasta el primer cuarto del siglo XX.
Casa de las Carnicerías
La casa de las Carnicerías está adosada a la Muralla en la zona conocida como arco del Peso de la Harina. Su construcción data del siglo XVI, como lo demuestra el escudo del rey Felipe II que aparece en su fachada. En la actualidad es un edificio municipal que sirve de acceso a la muralla y que además dispone de una sala para usos culturales.
Casa de Miguel de Águila
La portada de la casa de Miguel de Águila puede fecharse en torno a 1540, es de gran sencillez. La última propietaria de esta casa, Doña Luisa de Narváez, duquesa de Valencia, la cedió al Estado. En la actualidad se está rehabilitando para convertirse en un anexo del Museo del Prado.
Capilla de Mosén Rubí
En la Plaza de Mosén Rubi se levanta uno de los conjuntos más originales de la arquitectura abulense formado por el Hospital de la Anunciación (hoy Convento de Dominicas) y la Capilla de Mosén Rubí. Su arquitectura refleja la convivencia del último gótico y el renacimiento. Su fundación se debe a Dª María Herrera a principios del XVI, aunque la obra fue realizada tras su muerte por Diego Álvarez de Bracamonte, que había sido nombrado patrono de la fundación.
Capilla de las Nuestra Señora de las Nieves
La Capilla de las Nieves fue construida a fines del siglo XV por Dª María Dávila, sobre el solar que ocupó la principal sinagoga de Ávila llamada de Belforad. En la tradición popular se mantuvo el nombre de casa del rabino para la vivienda que se encontraba en el callejón de las Nieves. El interior de la capilla está presidido por un magnífico relieve de alabastro obra de Juan Rodríguez y Lucas Giraldo.
Centro de Interpretación de la Mística
El Centro de Interpretación de la Mística es un Centro único en Europa que pretende introducir a los visitantes en el fenómeno místico.
Frente a la casa natal de la santa abulense se levanta este edificio singular que muestra, a través de símbolos distribuidos en sus cuatro salas, los rasgos generales sobre el conocimiento de la Mística.
Convento de Nuestra Señora de Gracia
El monasterio de Nuestra Señora de Gracia está situado en una de las plazas que mejor han conservado el ambiente de la época de la Santa.
Este convento, de la Orden de San Agustín, fue fundado en 1509 por Doña Mencía de San Agustín, sobre la ermita de los santos Justo y Pastor. En 1531 Teresa de Jesús ingresó por voluntad paterna en el colegio de este convento con el fin de que madurase y se formase. Su permanencia en el mismo será interrumpida por una grave enfermedad que la lleva a regresar a la casa de su padre, en otoño de 1532. La tutela de María Briceño durante su estancia en Gracia será esencial en su formación y en su decisión de profesar como religiosa.
El monasterio de Gracia era probablemente uno de los más humildes de la ciudad, pero la intervención de Pedro Dávila, contador del Rey, dará un impulso a la construcción de la capilla mayor que repite la tipología de las capillas funerarias. En el interior, no visitable, destaca el retablo mayor de Juan Rodríguez y Lucas Giraldo, dedicado a la Virgen.
De época de la Santa se conservan el comulgatorio y el confesionario y se indica además que la sacristía interior era la habitación en la que dormían las colegialas.
Convento de Santa Teresa
En los últimos años del siglo XVI llegan a Ávila los carmelitas descalzos procedentes de Duruelo, primera fundación masculina de la Orden, con la idea de establecer casa en la ciudad. Tras superar diversas dificultades y haber pasado por distintos lugares (San Segundo, unas casas cerca de Santo Tomás y otras dejadas por los moriscos en donde hoy está situada la Residencia Santa Teresa Jornet), adquieren los restos de la vivienda que había pertenecido a la familia de la Santa con la idea de edificar la iglesia y el convento. Contaron para esta empresa con el apoyo del obispo Francisco Márquez de Gaceta y más tarde del Conde Duque de Olivares a quien el prelado cedió el patronazgo.
Las trazas son del arquitecto carmelita Fray Alonso de San José, la iglesia es barroca, obedece a la estética de su tiempo y responde a la tipología de la Orden: planta de cruz latina de una sola nave y dos de capillas laterales. En el exterior se organiza un triple pórtico formado por arcos de medio punto, y en la fachada destacan los escudos de los Cepeda y Ahumada, los de la Orden carmelita, el del Conde Duque de Olivares, el de Intendencia (cuerpo militar del que es patrona) y el de Doctora de la Iglesia.
Hay que destacar por un lado su peculiar orientación que viene marcada por el deseo de hacer coincidir la zona del presbiterio con las habitaciones en las que había nacido la Santa y por otro, el hecho de que toda la iglesia se erige sobre una cripta abovedada, única en el ámbito español, donde se ha instalado un museo sobre la vida y la obra de Teresa de Jesús.
En el interior sobresale el conjunto escultórico formado por retablos, imágenes y mesas de altar, algunas de Gregorio Fernández y otras de su taller. Destacan especialmente el retablo mayor y las tallas de Cristo atado a la columna y la de Santa Teresa, que inicialmente formaban un grupo escultórico, la de la Virgen del Carmen y la de San Juan de la Cruz.
Covento de San José – Las Madres
Es sin duda este monasterio el que recoge mejor que ningún otro el ideal monástico de Teresa de Ávila, caracterizado por la sencillez y austeridad.
Es la primera fundación y fueron muchas las dificultades que se encontró la Santa para llevar a buen término su proyecto, pues necesitó de la ayuda de familiares, amigos y miembros de la nobleza y del clero abulense. Su hermana Juana de Ahumada y su cuñado Juan de Ovalle adquirieron las casas como residencia habitual y emprendieron la adaptación de las mismas en dependencias conventuales. Para su financiación contó con los envíos que realizaba su hermano Lorenzo de Cepeda desde las Indias. Doña Guiomar de Ulloa y Doña Aldonza de Guzmán, amigas de Santa Teresa, solicitaron la licencia al Papa para fundar un convento de Carmelitas y algunos prelados abulenses, como el obispo Álvaro de Mendoza, Gaspar Daza y Pedro de Alcántara, apoyaron también a la carmelita.
El monasterio se componía de una serie de casas, que se agruparon y unieron creando un espacio arquitectónico que aún hoy se conserva y que nada tenía que ver con la arquitectura de otros monasterios de la ciudad y una pequeña iglesia, hoy desaparecida, que fue sustituida en 1608 por otra levantada con las trazas del arquitecto Francisco de Mora, gran devoto de la Santa, que planteó el prototipo de iglesia carmelitana.
El templo responde a nuevos planteamientos estéticos e inaugura el modelo de los templos de la Orden, con un triple pórtico, sobre el que avanza el coro de las religiosas, una sola nave y capillas a los lados que fueron dotadas por miembros de la nobleza abulense y una de ellas lugar de enterramiento de su hermano Lorenzo.
En la fachada la imagen de San José, cuya figura fue ensalzada por la Santa.
Se conservan en el interior las antiguas dependencias conventuales, que permiten imaginar cómo era aquel primer convento de la reforma y el espíritu de su promotora: cocina, refectorio, la celda de la santa, el claustro, la campana fundacional, la escalera del diablo, por la que Teresa se cayó unas navidades de 1577 rompiéndose el brazo izquierdo. Varios de estos elementos pueden contemplarse en el museo del convento.
Catedral del Salvador
La Catedral abulense es el ejemplo más claro de catedral fortaleza de Europa. Si la catedral configura el perfil de la ciudad medieval, en Ävila templo y ciudad mantienen una estrecha vinculación que excede los límites estrictamente religiosos y se manifiesta sobre todo en su carácter defensivo, ya que su cabecera se entesta en la fortificación, convirtiéndose en el cubo más fuerte de la muralla.
La catedral abulense es una lección viva de arquitectura medieval y posiblemente, como indicó Manuel Gómez Moreno, lo primero que se vio de gótico en Castilla. Está dedicada al Salvador y se levanta sobre un templo anterior románico, la parte más antigua debe fecharse entre 1160 y 1180. El primer maestro con el que sin duda hay que relacionar su fábrica es Fruchel, conocedor de la arquitectura francesa, que daría la traza general del edificio, cambiaría el proyecto inicial y será autor de la original cabecera, ya gótica, construida con una piedra sangrante de tono rojizo que confiere a este espacio una gran plasticidad.
Las obras se realizarán de manera desigual a lo largo de los siglos, produciéndose cambios frecuentes sobre el primer proyecto arquitectónico y en ellas participarán un elevado número de artistas. Maestros de obra, arquitectos, pintores, escultores, orfebres, herreros irán concluyendo, amueblando, adornando la iglesia con retablos, coro, altares, rejas, púlpitos, órgano, capillas, sepulcros, etc.
Merece la pena detenerse en el Altar de los Reyes, obra de Juan Rodríguez y Lucas Giraldo; en el coro realizado por varios autores y que es pieza esencial de nuestras catedrales.
En la capilla mayor podemos ver las primeras bóvedas sexpartitas que se voltearon en Castilla y el retablo de Pedro de Berruguete, Santa Cruz y Juan de Borgoña. El sepulcro de Alonso de Madrigal, situado en la girola, es obra esencial del renacimiento en España. Pero la visita debe continuar recorriendo el claustro y las salas del museo catedralicio donde se conserva la custodia realizada por Juan de Arfe que aún hoy, el día del Corpus, recorre las calles de Ávila
Convento de San Antonio
El Convento de San Antonio fue fundado por Rodrigo del Águila en 1577. Levantado frente a un jardín que tiene su origen el siglo XVI, en el que aún se conserva la original fuente de la Sierpe, realizada en 1587. Entre 1728 y 1731 Pedro Ribera construirá en el templo la Capilla de la Portería.
Ermita de Nuestra Señora de las Vacas
En la ermita de Nuestra Señora de las Vacas pueden diferenciarse dos momentos constructivos distintos; uno inicial que corresponde a la reedificación del cuerpo de la iglesia en 1469, y la capilla mayor levantada hacia 1583 de acuerdo con las mandas testamentarias de Alonso Díaz. El retablo mayor dedicado a la Virgen fue realizado por Lucas Giraldo y Juan Rodríguez entre 1530 y 1531.
Ermita de San Esteban
San Esteban es el único templo románico conservado intramuros y tal vez uno de los más sencillos. De su estructura original sólo se conservan el potente ábside, que repite el modelo de San Andrés, el muro norte y los materiales reutilizados en el XVI en su reconstrucción.
Ermita de San Segundo
Situada en el arrabal del Puente, inicialmente estuvo dedicada a Santa Lucía y San Sebastián. Presenta planta basilical de tres naves y tres ábsides. La ligera desviación de la cabecera se ha querido relacionar con motivos litúrgicos, aunque probablemente responda a la adaptación del terreno o a un error en el planteamiento de la misma. El templo sufrió importantes reformas en el siglo XVI, siendo preciso destacar que en la realizada en 1519 aparecieron los supuestos restos de San Segundo, considerado primer obispo de la ciudad y que serían trasladados a la catedral. Este hecho determinó el cambio de advocación del templo. Una de las obras más interesantes es la escultura orante de San Segundo obra de Juan de Juni.
Iglesia de la Magdalena
La iglesia de la Magdalena fue un templo originariamente románico como lo demuestran su ábside y portadas, ha sufrido diversas modificaciones, especialmente durante los siglos XVI y XVII. Hoy es el convento de las Madres Concepcionistas. Algunas dependencias conventuales ocupan un antiguo hospital que también contó con un corral de comedias.
Iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza
La iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, está situada en las inmediaciones del antiguo cementerio de Ávila. Su construcción puede fecharse en el primer cuarto el siglo XIII. Su cabecera, realizada en piedra berroqueña, sigue una tipología románica, y corresponde a un primer momento constructivo. El desarrollo de sus naves con amplios formeros de ladrillo, los arcos de las capillas absidiales y la organización de su portada sur nos sitúan en una fecha posterior y en soluciones de tradición mudéjar.
Iglesia de Nuestra Señora la Antigua
En la Plaza del Ejército, se conserva la iglesia del desaparecido convento benedictino de La Antigua, (actual residencia Miravalle). De este templo sobresalen su ábside semicircular de mampostería encintada con ladrillo y la portada norte con modillones.
Iglesia de San Andrés
La iglesia de San Andrés, que aunque ha perdido su función de parroquia, es uno de los templos más singulares del románico abulense. Se levanta en el barrio que según la tradición era de canteros. Su planta es muy sencilla; está formada por tres naves con sus correspondientes ábsides, siendo el central de mayores proporciones y más profundo que los laterales. La variedad de los motivos iconográficos de los capiteles de su capilla mayor es la más amplia de todo el románico abulense y ha de relacionarse con maestros leoneses.
Iglesia de San Ignacio de Loyola
En la plaza de Teniente Arévalo en el lugar en el que estuvieron las casas de Navamorcuende, están el Palacio Episcopal y la iglesia de San Ignacio de Loyola. La casa de Navamorcuende fue probablemente una de las más destacadas de la ciudad y debió ser similar a la del Marqués de las Navas. A principios del XVII adquirieron la vivienda los jesuitas y adaptaron sus dependencias para un nuevo uso, siendo necesaria la construcción de un nuevo templo. Tras la expulsión de los Jesuitas en 1767 el edificio se destina a Palacio Episcopal. A pesar de sus transformaciones sus muros y algunos de sus huecos son testimonio de su uso como casa nobiliar.
Iglesia de San Juan Bautista
Templo de origen románico que fue profundamente transformado en el siglo XVI. Bajo el pontificado de Carrillo de Albornoz se planteó la necesidad de renovar la fábrica, ya que se consideraba que el templo se había quedado pequeño y que resultaba inapropiado para hacer frente a las nuevas necesidades de la ciudad. Así en 1504 se contrata la reconstrucción del cuerpo de la iglesia con Martín de Solórzano. La portada sigue el esquema habitual del gótico final.
Tras la muerte de Solórzano en 1506 se interrumpen las obras en el templo y no se reanudan hasta unos años después, encargándose entonces de las obras Juan Campero y Pedro de Güelmes. La capilla mayor y el crucero están ya dentro de una estética claramente renaciente y trabajaron en su edificación maestros del renacimiento abulense.
En su pila bautismal fue bautizada Santa Teresa el 4 de abril de 1515.
Iglesia de San Martín
Situada en la zona norte de la ciudad la iglesia de San Martín tiene origen románico, pero su fábrica fue rehecha primero en el siglo XVI y más tarde en el XVIII. Su torre es posiblemente la más original de la arquitectura de la ciudad; construida con zócalo de sillería y cuerpo superior de ladrillo, nos habla de maestros mudéjares.
Iglesia de San Nicolás de Bari
En la zona sur se levanta San Nicolás, una de las iglesias del último románico de la ciudad que vio reformar el interior de sus naves en el siglo XVII. Tiene tres naves y un único ábside muy profundo, carente de ornamentación. A un lateral del ábside se adosa la torre en cuya base puede observarse la reutilización de un verraco. Las arquivoltas de su portada norte presentan rica decoración de modillones.
Iglesia de San Pedro
La iglesia de San Pedro se levanta en la plaza del Mercado Grande. Se planteó de forma similar a San Vicente, pero su larga construcción determinó que no se levantasen las tribunas proyectadas, que la torre se adosase al ábside septentrional y que en la organización del hastial occidental se dispusiese una portada sin decoración historiada rematada por un rosetón de estética cisterciense.
En su interior son muy interesantes las tablas que se distribuyen por los muros de las naves, los altares renacentistas, el retablo barroco de la capilla mayor y sus rejas.
Iglesia de Santiago
La iglesia es de origen románico, fue ampliada y reformada en los siglos XIV y XVI. Según la tradición era donde se armaban los caballeros de la Orden de Santiago. Su torre octogonal es un modelo único en la ciudad. La iglesia fue reedificada por iniciativa de Fray Francisco Ruiz; consta de una sola nave de gran amplitud y capillas entre sus contrafuertes, su capilla mayor es ochavada y de amplias proporciones. El acceso al interior se hace mediante un pequeño pórtico de estética renaciente pero que mantiene la tradición gótica en su abovedamiento de crucería.
Monasterio de la Encarnación
El Monasterio de la Encarnación, fue fundado como Beaterio en 1478 en las casas que junto a la Puerta de San Vicente tenía su fundadora Elvira González de Medina. En 1510, siendo priora Dª Beatriz de Guiera, la comunidad se traslada al lugar actual, antes ocupado por un cementerio judío y se convierten en religiosas con votos. En el XVIII se transformó el interior de la iglesia dentro de una estética barroca. Altares, retablos pertenecen también al gusto barroco.
Este Monasterio es uno de los lugares esenciales de la vida de Santa Teresa, donde permaneció casi ininterrumpidamente desde 1535 hasta 1574. Cuando Teresa de Cepeda, sin permiso paterno, ingresa en la Orden del Carmen, el monasterio era uno de los más poblados de la ciudad. Contaba con un número muy elevado de bienes, y al igual que en otros muchos, la vida de convento no era rigurosa y existían diferencias sociales muy acusadas entre las monjas. En La Encarnación recibe los consejos de Francisco de Borja, de Juan de la Cruz y de Pedro de Alcántara y desde aquí se prepara la Reforma del Carmelo.
El Convento alberga museo teresiano. Una de las obras más sobresalientes es un dibujo realizado por Juan de la Cruz que representa a Cristo en la Cruz.
Monasterio de Nuestra Señora de Gracia
De la Orden de San Agustín, fue fundado en los primeros años del siglo XVI, sobre la ermita de los santos Justo y Pastor. Tanto el templo como su capilla mayor son de una gran sencillez constructiva.
Monasterio de Santo Tomás
El Real Monasterio de Santo Tomás, iniciado en 1483 por Martín de Solórzano, fue fundado por Hernán Núñez de Arnalte, Tesorero de los RR.CC, a su muerte su viuda cedió el patronato a los reyes Isabel y Fernando que elegirán el templo como lugar de enterramiento de su primogénito el Príncipe Don Juan.
El monasterio sigue los modelos del último gótico, la iglesia responde a la tipología característica de la arquitectura monacal: planta de cruz latina de una sola nave y dos de capillas, lo más singular es el hecho de que el altar y el coro están sobreelevados. En su interior destacan el retablo mayor obra de Pedro de Berruguete y el sepulcro del príncipe D. Juan realizado por Domenico Fancelli entre 1510 y 1511.
El conjunto monástico se completa con los claustros del Noviciado y del Silencio. En 1504 se fundó en Santo Tomás un Estudio General. En la universidad de Santo Tomás estudió, entre otros, Gaspar Melchor de Jovellanos.
De Palacio Real a Museo de Arte Oriental
Los Reyes Católicos mandaron edificar en el Real Monasterio de Santo Tomás un palacio, que aunque está integrado en el conjunto monástico pero mantiene dentro del mismo su independencia y personalidad. La razón de la incorporación de una casa real en el recinto del convento debe relacionarse con el carácter itinerante de la monarquía y con la estrecha vinculación desde el principio de la Edad Media entre el monacato y la corona.
La construcción contaba con todas las dependencias necesarias para el establecimiento temporal de la corte. Se desarrolla en torno al claustro de los reyes y tenía entrada independiente, situada en el ángulo nordeste.
Es un buen ejemplo de la arquitectura de fines del siglo XV y principios del XVI, en la que se aúnan de forma armoniosa el último gótico y el mudéjar, siendo por lo tanto un claro reflejo de la historia y sociedad de su tiempo.
En la actualidad las estancias palatinas albergan un interesante Museo de Arte Oriental.
Muralla de Ávila
Se inició su construcción a finales del siglo XI a instancias del rey Alfonso VI de Castilla, el cual encargó al conde Raimundo de Borgoña, marido de su hija la infanta doña Urraca, repoblar los territorios llamados «de nadie» y fortificar las ciudades de Ávila , Segovia, y Salamanca. Casandro Romano y Florín de Pituenga se ocuparon de la dirección de las obras que, según la historiografía tradicional, duraron nueve años, de 1090 a 1099. En 1596, el rey Felipe II de España realizó obras de restauración en la muralla.
Tan escasa duración de las obras no resulta, no obstante, creíble y numerosos investigadores han postulado diversas teorías sobre una edificación anterior, probablemente el trazado de un campamento militar romano, con el cual coincide en forma y proporciones; en cualquier caso, la muralla romana original tendría un perímetro inferior al actual, dado que la capital del centro y noroeste peninsular era León, con una muralla de 1.780 m, y en consecuencia la de Ávila no sería mayor. En apoyo de esta tesis se citan las numerosas piezas reutilizadas que proceden de un cementerio romano, en el lienzo -parte exterior que comprende el volumen de la muralla- del lado este: lápidas, cistas y cupas, así como otros hallazgos de las últimas excavaciones. Rodríguez Almeida ya demostró, entre otras evidencias, la existencia de dos torres originales de la primitiva muralla romana, empotradas en el cuerpo de la muralla actual, levantadas por los repobladores medievales en el Arco de San Vicente.
En el siglo XIV se llevaron acabo reformas encaminadas a aumentar la eficacia defensiva de los muros. Se arreglaron las puertas y se levantaron los lienzos de algunos lugares hasta la altura de las torres (alcanzando los 15 metros). También se construyó (en la parte de la calle de San Segundo) una segunda barrera de menor tamaño que hacía las veces de barbacana en la cual se dispusieron troneras para armas de fuego.
En 1591 se construyeron las nuevas carnicerías entrecubos del la parte sur, al lado del cimorrio de la catedral. Unos años antes, en 1548 se ordenó cerrar el Portilo del Obispo por diversos alborotos ocurridos [cita requerida] pero poco después se construyó una nueva puerta a su lado.
En la parte de la muralla que coincide con el Palacio Episcopal (compuesto por dos palacios, el de Navamorcuende y el de Villatoro) carece de adarve (Camino situado en lo alto de una muralla, detrás de las almenas) ya que vaciaron el muro y recrecieron el lienzo. Se abrieron varias ventanas en éste último que en 1507 se tapiaron por orden de la reina Juana I de Castilla. Años más tarde, en 1542 el señor de Villafranca, como revancha, abrió una nueva ventana en la que reza la leyenda Donde una puerta se cierra otra se abre y, sobre la puerta del Rastro, abrió un bonito mirador.
Las murallas han sufrido varias modificaciones a lo largo de su historia. De los trabajos de mantenimiento rutinarios que se cubrían con el reparo de los muros a los trabajos de restauración que se emprendieron a principios del siglo XX. En 1907 bajo la dirección de Repullés se llevaron a cabo varios trabajos que cambiaron la fisonomía de algunos puntos del monumento. No fue hasta 1982 cuando se pudo dejar la muralla libre de casas adosadas.
En el siglo XIX se proyectó el derruir los muros para facilitar el esparcimiento de la ciudad y la relación entre los barrios exteriores e interiores. La crisis económica que surgió en ese periodo impidió que el proyecto de ejecutase. El 24 de marzo de 1884 se declaró a Ávila Monumento Nacional con lo que las murallas quedaron protegidas para siempre. El 15 de diciembre de 1982 Ávila fue declarada Conjunto Histórico Artístico y en 1985 Patrimonio de la Humanidad.
Palacio Vázquez Rengifo
También conocida como casa de los Almarza, debió levantarse en los primeros años del XVI sobre otra anterior. Probablemente la construcción fue paralizada hacia 1520 retomándose algunos años más tarde. En el siglo XX la vivienda se destina a convento de Siervas de María, lo que supone la variación de su estructura original, conservándose como elementos más destacados la portada principal, algunos de los vanos de la fachada y la puerta de acceso al patio. La presencia de un alfiz encuadrando el arco de entrada y el vano principal, reflejan la pervivencia de lo islámico en nuestra arquitectura.
Palacio de Blasco Núñez Vela
La familia de los Núñez Vela, señores de Tabladillo, vivían en esta zona al menos desde 1403, fecha en la que consta la compra de varias edificaciones en este sector.
El palacio actual fue edificado por Blasco Núñez Vela, primer virrey del Perú, y su esposa Brianda de Acuña hacia 1541.
El edificio ha tenido diversos usos, cuartel de milicias y academia militar, vivienda de John Berry, director de la Real Fábrica de Textiles del algodón y algunas dependencias se utilizaron para talleres, oficinas y almacenes de dicha fábrica. En 1941 se destina a Audiencia Provincial.
Su fachada es de una gran sencillez y repite la tipología característica de las casas levantadas a mediados del siglo XVI. Su patio adintelado y su escalera claustral revelan la intervención de un maestro conocedor del renacimiento.
Palacio de Bracamonte
El Palacio de Bracamonte, debió levantarse a lo largo del siglo XVI. El estado de ruina del edificio a principios del siglo XX y las necesarias obras llevadas a cabo en el mismo, han sido la causa de que se haya perdido parte de su estructura original. Lo más interesante es su patio de amplias proporciones ornamentado con escudos de los Dávila, Águila, Bracamonte, Velasco, Guzmanes y Valderrábanos. Esta decoración heráldica que recoge las armas de las familias abulenses más importantes constituye un interesante documento gráfico que explica las distintas y estrechas relaciones entre los linajes de la ciudad y revela los fuertes vínculos entre el mismo grupo social. En la actualidad acoge el servicio territorial de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León.
Palacio de Valderrábanos
De la Casa de Gómez Dávila o Palacio de Valderrábanos sólo se conserva su portada gótica del XV con decoración figurada y el cuerpo de su torre, que fue rehecha en 1877. Actualmente es un establecimiento hotelero.
Palacio de Juan de Henao
El Palacio de Juan de Henao es hoy Parador de Turismo. De él se conservan la portada primitiva, transformada en ventana y la estructura de su patio, aunque este fue rehecho hacia 1922. El palacio original debe datarse a mediados del XVI.
Palacio de Polentinos
El Palacio de Polentinos o casa de Contreras constituye sin duda uno de los ejemplos más sobresalientes del arte abulense. Su arquitectura nos habla de los maestros que en el primer cuarto del siglo XVI trabajan en Ávila incorporando un lenguaje plateresco en la ornamentación de su portada con motivos militares y en los dinteles con medallones de su patio. La restauración del palacio a finales del siglo XIX, cuando se instaló la Academia de Intendencia, convierte a esta casa en un referente obligado para el estudio de la arquitectura abulense. Hoy es Archivo Militar del Ejército.
Palacio de los Dávila
Es el mejor ejemplo de palacio medieval que se conserva en Ávila. La escasez y disposición de los vanos, las almenas aspilleradas nos muestran el carácter defensivo y militar de estas construcciones, que también se fortificarán intramuros, debido a las luchas entre los bandos nobiliarios de la ciudad. La pervivencia de lo hispanomusulmán se manifiesta en el interior, especialmente en su patio de ladrillo, y en la disposición de puertas y ventanas encuadradas con alfices. Destaca la ventana renaciente, que abrió Pedro Dávila en 1541, debajo de la cual aparece la frase “donde una puerta se cierra otra se abre” que hace alusión a una de las mas famosas leyendas de la ciudad de Ávila.
Palacio de los Serrano
En la plaza de Italia, se levanta el palacio de los Serrano, hoy centro cultural de Caja de Ávila. Fue construido sobre otras casas a mediados del siglo XVI, por Pedro Álvarez Serrano y su esposa Leonor Zapata. Su planta se adapta al plano de la ciudad formando esquina con la calle Estrada y su fachada se organiza en tres cuerpos, algo inusual en la arquitectura abulense.
Palacio de los Superunda
La casa del Regidor Ochoa Aguirre también es conocida como Casa de Superunda.
También conocida como Casa del Regidor Ochoa Aguirre o de Caprotti. Está documentada entre 1580 y 1595, aunque es probable que se realizase sobre otra anterior. Posiblemente es la que mejor ha conservado su estructura original ya que las intervenciones llevadas a cabo en el mismo respetaron lo construido.
En su interior destaca su patio adintelado de gran sencillez y austeridad decorativa.
En el siglo XX fue adquirido por el pintor italiano Guido Caprotti, vinculado a la ciudad desde 1916. Hoy pertenece al Ayuntamiento de Ávila y tras su rehabilitación tendrá un uso cultural.
Palacio de los Velada
El palacio del marqués de Velada es una de las viviendas más significativas en la ciudad, en la que destacan su torreón esquinado y su amplio patio interior en el que se advierten distintos momentos constructivos. En este palacio han documentado los cronistas abulenses las estancias de Carlos I e Isabel de Portugal y de su hijo Felipe II.
Palacio de los Verdugo
La casa de Suero del Águila o de los Verdugo fue construida en lo esencial entre 1500 y 1530 es una de las viviendas más interesantes de Ávila; su portada perfilada con el cordón de San Francisco, la decoración de grutescos de la ventana principal indican la presencia de un lenguaje plateresco en la ciudad. De gran interés son su patio inacabado y el artesonado de la escalera. En la actualidad pertenece al Ayuntamiento de Ávila
Palacio del Rey Niño y Episcopio
Frente a la portada de los Apóstoles de la Catedral estuvo situado el Antiguo Palacio Episcopal (hoy ocupado por el edificio historicista de Correos y la biblioteca Pública), del que sólo conservamos la portada y una interesante ventana esquinada frente a la casa de los Velada. En este solar está El Episcopio, que debió ser una antigua sala de Sínodos y que ha sido identificado por algunos autores como Palacio del Rey Niño. Actualmente tiene la función de sala de exposiciones y conferencias.
Sólo es visitable El Episcopio, que dispone de una sala de exposiciones.
Torreón de los Guzmanes
También recibe el nombre de Torreón de los Guzmanes y de Oñate, es la sede de la Diputación Provincial.
Los primeros datos documentales de esta casa son de 1513, pero es posible que en esos años ya estuviera iniciada su construcción y que el Licenciado Múxica emprendiese en esas fechas diversas reformas en la misma.
El patio formado por arcos rebajados ornamentados con rosetas y su imponente torreón esquinado convierten a esta edificación en una de las más destacadas de la arquitectura civil abulense.
En las antiguas caballerizas del palacio se ha instalado un centro de interpretación llamado la Vettonia, donde el visitante puede adentrarse en la cultura de los primeros pobladores de estas tierras.